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Hombre cosecha verduras en la Antártida: Conoce su aplaudida historia

Jorge Birgi esrtuvo ocho años realizando una investigación para probar que efectivamente se podía cultivar en una zona con hasta 35 grados bajo cero.

Hay preguntas que parecieran no tener respuesta, o al menos, para tenerla habría que hacer un gran proceso de investigación. Eso fue lo que le ocurrió al ingeniero agrónomo argentino, Jorge Birgi, quien de la noche a la mañana recibió un correo donde le preguntaban si era posible cultivar en la Antártida y de ahí en más, no paró hasta tener la respuesta.

Ocho años estuvo Birgi investigando y desarrollando distintos planes para poder determinar si efectivamente puede cultivar verduras y otros productos en una zona con temperaturas de 35 grados bajo cero.

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Todo comenzó el 2015, justamente cuando recibió el correo electrónico y en la actualidad, ha podido demostrar con creces, que sí, efectivamente se podía y de hecho, superó todas las expectativas, ya que a la fecha cuenta con 400 plantas de producción en la Antártida y se siguen proyectando más a futuro.

El ingeniero comenzó de a poco con su investigación. Primero tenía que familiarizarse con una zona que para él era desconocida, por lo que hizo un par de viajes a la Antártida. Luego, implementó pruebas en 3D para ir dándole forma al proyecto.

Tras las pruebas 3D, su investigación llamó la atención y desde el Comando Conjunto Antártico, lo contactaron. “Me pidieron que viaje a la Antártida para ver cómo se vivía, cómo era el terreno y cuáles eran las condiciones”, comentó Birgi en diálogo con América Futura.

La producción se instaló en dos zonas: Base Marambio y Base Esperanza, donde cada una contaba con 240 plantas que eran revisadas minuto a minuto y monitoreadas constantemente.

“Querían saber si existía posibilidad de mejorar la dieta del personal, porque no tienen disponibilidad de verduras frescas todo el año, comen muchos enlatados, que tienen alto contenido de sodio”, fue la respuesta de Birgi cuando contó la historia del mail recibido. Y es que fue el equipo médico de la Base Carlini quienes querían una respuesta sobre cultivar en la Antártica, ya que necesitaban mejorar la dieta de quienes trabajaban allá.

La investigación venía siendo un éxito, ya que sí era posible plantar en este frío lugar, pero con la pandemia se produjo un pequeño retraso. Sin embargo, cuando comenzaron a terminarse las restricciones para viajar, el proceso siguió su rumbo.

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Las semillas que se llevaban para plantar primero pasaban por un análisis en el laboratorio de fitopatología antes de llegar a la Antártida y después continuaban su viaje. “El desafío era darle forma a la mecánica de trabajo, los materiales voluminosos deben viajar en el rompehielos Almirante Irizar, que sale en diciembre y regresa en marzo y hasta el año siguiente no vuelve a partir. Si tenés que llevar algo grande, hay que esperar a la próxima campaña”, comentó el ingeniero.

El proceso podía demorarse bastante si no se cumplía con las restricciones y análisis necesarios, pero todo valió la pena porque se consiguió aún más de lo que se esperaba.

Si bien la primera pregunta fue si se podía cultivar en la Antártica, después pasamos al “¿cómo se puede lograr eso?”.

Para poder cultivar no se necesitaba usar tierra, se hacía de forma líquida, donde no era determinante hacerlo en zonas inestables que tuvieran poca agua y un clima adverso.

De esta forma, no era un problema buscar zonas que favorecieran el cultivo, porque finalmente no habían tantas restricciones. Además, los tiempos eran menores y se puede cosechar cada 45 días.

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