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10 ejemplos de que el rock SÍ se puede bailar (I)

El rock no sólo se cabecea o se grita. También hay canciones que provocan pararse del asiento y mover las extremidades al ritmo de un buen riff.

Estamos claros que quedan pocos lugares nocturnos donde poder bailar BUENA música. En una era plagada de reggeaton y hip hop, siempre es bueno disfrutar de un buen track rockero.

Y los hay… Más allá que el género no nació especialmente para satisfacer nuestra necesidad de bailar, la historia del rock nos ha dado canciones multipropósito. Himnos para practicar solos, punteos, ritmos… y ADEMÁS, bailar.

¿No me creen? Les presento 10 ejemplos PROBADOS a continuación de que el rock SÍ se puede bailar… y con gusto. (Ojo: por razones obvias y de género no incluí a Elvis Presley y sus derivados a causa de enfocar estos ejemplos a usos del rock como raíz para bailar a través de su desarrollo en el tiempo)

My Sharona – The Snack (1979)

Una composición entre el límite del power pop y el rock de inicios de los 80’s. Escrita por el guitarrista Doug Fieger, inspirado en una chica de 17 años de la cual se enamoró perdidamente, My Sharona contiene un riff histórico y contagioso con una banda entera a su merced. Un ritmo sencillo y poderoso, dando una sensación mezclada entre un rock clásico setentero y un groove a-go-go imposible de resistir. Para bailarla, cantarla y disfrutarla, My Sharona es un clásico en fiestas ochenteras, y un impasable en cualquier lista de reproducción.

Simply Irresistible – Robert Palmer (1989)

Un crack del rock-pop de finales de los 80’s. Nombrado como el rockero mejor vestido de los 90’s por la revista Rolling Stone, Robert Palmer es sinónimo de lo que a muchos pseudo roqueros de hoy les falta en demasía: estilo.

Y es lógico. Repitiendo la fórmula del éxito de 1987 con Addicted to love, Palmer produce otro hit de aquellos, con sus famosas modelos músicos bailando un tema tremendamente bien producido. A un ritmo pegajoso y empoderador, Simply Irresistible invita a moverse al frente de tu pareja como todo un macho – alfa rockero, sin importar lo que digan los demás. TEMAZO

Ballroom Blitz – Sweet (1973)

En plena época de transición entre el swing y el rock setentero, esta creación de Nick Chinn y Mike Chapman le pega medio a medio entre estos dos géneros antes mencionados.

Inspirada en una lluvia de botellas recibida en una actuación en el Kilmarnock Ballroom en Escocia, Ballroom Blitz comprende todos los elementos de fusión entre un rock n’ roll de los 60’s y una buena canción de rock sucio setentero.

Nuevamente, un riff atrayente y filudo vuelve a hacerse presente como carta de enganche. Se le suma una letra psicodélica interpretada en un crescendo de desorden y liberación.

Esta canción cumple con el objetivo multipropósito de una manera muy especial: puedes bailarla como un rock n’ roll clásico, un groove setentero o libre. Como sea, provoca pararte del asiento y dejar tu trago en la mesa, porque con todo lo que te vas a mover no es recomendable llevarlo en la mano.

One way or another – Blondie (1979)

Atención mujeres… llegó su momento…

Un clásico que gracias a la película Coyote Ugly se renovó en el ADN de las nuevas generaciones. Una composición con miles de guiños folk y country compuesta por una de las divas del new wave, Debbie Harry, que le valió el lugar n° 298 entre las 500 mejores canciones de la historia según la revista Rolling Stone.

One way or another es de esas canciones que las mujeres disfrutan a tal nivel que podrían bailarlas solas sin ningún problema. Es más o menos el mismo efecto que Man I feel like a woman de Shania Twain.

Sensualidad, atrevimiento y rock and roll. Tres factores que al unirse brotan las mejores ganas de pescar a tu pareja y casi lanzarla a la pista de baile. Más allá de toda consideración, otro TEMAZO del rock y un clásico de cualquier ochentero.

Summer of ’69 – Bryan Adams (1984)

Nos vamos con un buen tema norteamericano. Y ojo, para empezar, no tiene nada que ver con relatar lo bien que le pasó Bryan Adams un verano de 1969… saquen sus propias conclusiones.

Summer of ’69 es otro de esos clásicos que pasado cierto tiempo vuelven a la primera plana de la música, como si su sonido se volviera contemporáneo de un momento a otro. De hecho, el 2006 volvió a ser #1 en Canadá después de 22 años de su lanzamiento.

Su estructura ya habla de una canción tremendamente high school mezclada con esa sensación de recuerdos y veranos gringos, una fórmula muy apetecida entre los ochenteros y que la llevó en su salida a ser #5 en un Billboard demasiado estadounidense. En lo a que música se refiere, Summer of ’69 es un claro ejemplo de que menos es más. Riffs simples y abarcadores, camas de teclados wave muy usados por el glam y una voz Springsteeniana son simples elementos para una canción para bailar y cantar a la vez con mucha onda.

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