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Carlos “Indio Solari” tiene parkinson: La mayor figura de la historia del rock argentino

El hombre que superó a Charly García y Soda Stereo informó lo más temido. Descubre quién es el artista más amado de Argentina y por qué el pueblo trasandino llora su enfermedad.

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Indio Solari

Indio Solari en Tandil (fuente: La Nación)

 

Fue un comienzo igual y distinto a la vez. Debajo del escenario, una masa humana. 150, 200 mil personas cruzaron medio país para verlo, ese hecho inédito en el planeta entero, a la ciudad de Tandil. Pero antes de los primeros acordes, Carlos “Indio Solari” caminó hacia la multitud, tomó el micrófono y confirmó la noticia más temida: “Anda circulando una versión de que estoy enfermo. Y es verdad. Mr. Parkinson me está pisando los talones. Pero acá estoy.”

Y eso fue todo. Del Indio no podía esperarse más intimidad. En seguida comenzaron los acordes de “Nuestro amo juega al esclavo”, himno imperecedero y siempre actual en una Argentina encaprichada en repetir los viejos errores: “Mucha tropa riendo en las calles / con sus muecas rotas cromadas /y por las carreteras valladas / escuchas caer tus lágrimas”, reza una de las brillantes frases del mítico Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la banda más popular del panteón de rock argentino.

Indio Solari

Alrededores del show, ciudad de Tandil

Los “Redondos”, como eran conocidos, surgieron en la oscuridad. Concluían los 70s cuando desde la ciudad de La Plata (donde Rolling Stones tocaran días atrás), un grupo de jóvenes de clase acomodada tomaron el camino de la experimentación en plena dictadura. Las recetas de la vida en comunidad y el viejo hippismo americano fueron probadas por una banda que surgía desde otro ´palo´, distinto del movimiento porteño que había alumbrado a Charly García o Luis Alberto Spinetta.

Con la democracia, Los Redonditos accedieron a la masividad alentados por intelectuales, bohemios y artistas, compitiendo con otra banda under del momento, una tal Soda Stereo. La banda se destacaba por las complejas letras de uno de sus líderes, el Indio, quien intentaba comprender el rol del rock en un mundo de guerra fría, petroleo por las nubes, terrorismo y libre comercio a sangre y fuego.

Con la caída estrepitosa de Argentina tras las políticas menemistas, una juventud argentina empobrecida hasta lo impensado encontró refugio en la banda. Lo bailable de Soda y el trip personal de Charly García ya no seducían a los chicos, que no veían la gracia de cantar vanidades cuando te habían saqueado los bolsillos. En tiempos donde empresarios, políticos y periodistas contaban maravillas de un mundo desigual, el Indio tenía otra versión, que olía a verdad. Pero la violencia del día a día superó los límites y llegó a los recitales masivos. Los shows de los Redonditos se volvieron el sitio ideal para enfrentamientos y muertes de todo tipo.

Tras la disolución de la banda, el músico comenzó una carrera solista que superó en popularidad a su grupo anterior. Ni Jagger ni Lennon ni Cerati habían podido superar la leyenda de sus bandas. El Indio se acostumbró a tocar para centenas de miles de personas que viajan miles de kilómetros para verlo, algo insólito en el espectáculo mundial para shows con entradas pagas. Solari tiene una carrera única en la historia de la música: cuatro décadas sin álbumes de covers ni compilaciones ni trucos de mercado: sólo discos de estudio de creación artística, todos de excelencia absoluta.

A mediados de año pasado el Indio sorprendió a todos anticipando que tenía una enfermedad “malvada”. Es posible que en Chile su nombre no sea tan conocido. El camino optado, independiente y fuera de todo sistema económico y estructura publicitaria, hizo del mayor artista argentino un hombre que no atravesó las fronteras. Pero así es: en la tierra de Charly y Cortazar, de Cerati y Borges, el Indio Solari tiene parkinson.

Indio Solari

Entre 150.000 y 200.000 almas en el hipódromo de Tandil

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