¿Cuáles son los mejores discos de Fito Páez? Repaso a su destacada discografía
Guía de: Rock
- Nicolás Chiesa
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Repasar la discografía de un músico de la talla de Fito Páez es una tarea tiránica… que no nos asusta. Para abreviar, escogimos sólo los discos oficiales de estudio de Fito solista, con banda propia y sin colaboraciones con segundos artistas. Es una decisión antipática, pero necesaria en tiempos de escritura y lectura web, por definición, más breve. Dicho esto, señores, empieza un viaje largo. A abrocharse los cinturones: Paso a paso, un repaso por la obra de un músico inmenso, sus mejores discos, todo.
Del 63 (1983): 8 ptos.
Tras años de compositor para “La trova rosarina”, Fito debuta con un disco de canciones donde el color del rock ya se advierte. La influencia de Charly García hace de este autor casi folk, un músico de violencia y cuestionamiento. El disco es un recorrido por los sueños revolucionarios y utópicos de un chico llamando a las puertas de la vida adulta. Un comienzo inmejorable.
Mejores canciones: “Del 63″, “Canción sobre canción”, “Tres agujas”
Canciones magistrales como “Cable a tierra” y “Giros”. Pero también, más velocidad, más parafernalia, más Buenos Aires, por decirlo de algún modo. Y por ahí, el ritmo de fogón de “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, reflexión de un músico que no pierde jamás su contacto con el afuera. Clásico de clásicos de los años 80 del rock argentino.
Temas insignias: “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, “11 y 6″
Ciudad de pobres corazones (1987): 10 ptos.
El estallido interior. Fito se entera del asesinato de sus abuelas y hace catarsis a pleno rock. Ahora sí el cantautor queda atrás. La banda gana terreno, tanto como las guitarras y las bases tradicionales. El sonido destila 80s, pero sin quedar pegado a efectos de modas pasajeros. Un album de furia e impotencia.
Pregunta eterna: el riff de “Ciudad…” es “Adela en el carrusel” acelerado?
Si “Ciudad de pobres corazones” es el disco de un hombre absurdamente herido, “Ey!” es el trabajo del día después, los excesos, la soledad, la alienación (y la convivencia) con un mundo demente. Las letras de burdel y la influencia de poetas malditos tiñen la lírica. El sonido pasa por los efectos darkies de una década cocainómana que se resiste a irse. Fito es el niño mimado del rock argentino más violento, que gusta verlo como una especie de Vicious criollo perdido, sin hallar respuestas.
Mejores canciones: “Canción de amor mientras tanto”, “Dame un talisman”, “Por siete vidas (Cacería)”
… Y en plena desesperación, aparece una puerta. Fito parece salir a la luz y su rabia deja sitio a melodías más frescas y un sonido más pristino, menos contaminado de estudio y búsquedas. Las canciones son colosales; los vientos de “Yo te amé en Nicaragua”, antológicos; la mojada de oreja al Menemismo, exquisita. Páez lo graba sin mucho entusiasmo y huye de un país que no desea, pero el disco es un éxito y debe volver. Un álbum obligatorio.
La frase: “Hoy paré con la botella. Todos saben lo difícil que es zafarse de ella. Tiene el par de piernas más largas que vieras y hace que tu corazón parezca que aún siguiera”.
El amor después del amor (1992): 10 ptos
El disco más vendido del rock en castellano es, también, la despedida de esa vida de reviente: el artista redimido por amor. Fito deja los favoritismos del under para llegar al gran público de masas y los estadios. La instrumentación es aireada y los primeros temas de melodías amables asoman. Un equilibrio justo del Fito ¿de los 80? que aprendía a llegarle a todo el mundo.
Hits letales: “Dos días en la vida”, “Pétalo de sal”, “Un vestido y un amor”, Tumbas de la gloria”, “A rodar mi vida”, “Brillante sobre el mic”, “Tráfico por Katmandú”
El sonido descaradamente pop aleja de una vez y para siempre a los fans históricos. Fito se enriquece en un país que se sumerge en la violencia, graba con la mayor producción de su historia y lanza una placa de musicalidad exquisita y sentimientos muy alejados de la necesidad de los oyentes argentinos, que encuentran en el rock barrial mejor depósito para sus frustraciones.
El detalle: el espectacular sobreinterno del disco, en pleno auge de la era Cd.
Tras una delicada (y conflictiva) placa junto a Sabina, “Abre” es un disco raro. Fito continúa siendo un artista pop para la mayoría, pero el disco tiene una frialdad extraña, una intrumentación más seca que se traduce en la forma de “narrar” de Paez en varias canciones. Un disco para escuchar y redescubrir.
Tres joyas para disfrutar: “La despedida”, “Tu sonrisa inolvidable”, “La casa desaparecida”
La paternidad llega a la vida de Fito adopción mediante. Sus intereses se encuentran cada vez más lejos del conservador público de rock. Las baladas ganan terreno y chocan con rocanroles que parecen extraviados de otros tiempos. “Rey Sol” no solo es un disco para disfrutar arreglos y musicalización, también es el disco donde la lírica de Páez parece simplificarse definitivamente, dejando muy atrás las letras difíciles y rebuscadas de discos como “Ey!”
El tema oculto: “Trece”, varios segundos después de concluida la última canción
Naturaleza sangre (2003): 7 ptos
Tras la feroz crisis de su país natal, Fito establece una nueva alianza musical con artistas como Coki Debernarde y Vandera. Estos músicos son de otra escuela, directa y menos virtuosa que su equipo anterior. “Naturaleza sangre” es presentado como “el regreso de Páez al rock”, pero esto no sucede. Ni por la totalidad de una placa larga y despareja, ni por el gran público argentino, que no quiere saber nada con Páez. Sin embargo, el disco es presentado en excelentes presentaciones en un pequeño teatro, donde las que brillan, en el supuesto disco de rock, son las canciones al piano, como “Los restos de nuestro amor” y “Oh, nena”.
La musa: la bellísima Dolores Fonzi, para hacer posible “Bello abril”
El mundo cabe en una canción (2006): 5 ptos
La industria del rock ha cambiado por completo desde los inicios de Fito. Tras unos discos compilatorios y uno exquisito de reversiones (“Moda y Pueblo”), Páez regresa con un álbum de temas nuevos. Las canciones no se deciden de género, los arreglos se reducen a lo básico y las letras se simplifican hasta lo inverosímil. Canciones como “Caminando por Rosario” se encuentran entre lo más flojo de una discografía genial.
El desafío: cantar “Es la hora del destino” como lo hace Fito. No vale aflojar, eh?
El disco que abre la nueva década parece, en realidad, cerrar la anterior, la más difícil en la historia de Páez. “Confía” es probablemente el disco con menos reconocimiento de toda su obra. Una placa con el sonido chato que se usa en las radios, pero sin el poder de atraer nuevo público.
La anécdota: claramente, una hermosa mujer le rompió a Fito una remera, sin permiso… y eso le gustó
Canciones para Aliens (2011): 7 ptos
El renacimiento, sustantivo que enfurecería a Páez, surge con un disco de covers. En plena segunda década del Siglo XXI, Fito encuentra su sonido a seguir: canciones al piano, más de cantautor que de rocker, pero sin la edulcorada complacencia pop u, horror de los horrores, melódica. Una placa densa con ejecuciones magníficas de viejos clásicos del cancionero mundial.
Espectacular: la versión de “Construcción”, de Chico Buarque
Extraño disco de grabaciones antiguas. El sonido pasado, indescifrable por momentos pero con mucho brillo, pone de manifiesto la decadencia de las búsquedas sonoras de la industria en la actualidad. Fito se despacha con canciones sobrearregladas como “El sacrificio”; lenguaje pop –de popular, no del género– como ese “eskabe calefactor” que se cuela por ahí; y la hipnótica cadencia raveliana de “Guerra de luz”. Gran disco en el momento menos pensado, con un Fito que recuerda al poeta difícil que fue tiempo atrás.
La picardía: que “Las aguas del mar” haya quedado afuera del disco, reservado para “Dreaming Rosario”
Tercer ¡tercer! disco en un año, si se cuenta “Dreaming Rosario”, disco benéfico. Fito vuelve a enamorarse (en todos los sentidos de la palabra) y da batalla con un disco luminoso, de grandes primeras canciones, con mucho vuelo melódico y búsquedas sonoras atrayentes. La placa se hace larga hacia el final. Pero canciones como “Ojalá que sea”, “Por donde pasa el amor”, “La canción del soldado y Rosita Pazos” alientan a imaginar esta placa como una hipotética continuación de “El amor después del amor”, de haber sido publicada veinte años atrás. La pregunta inútil por excelencia: Qué habría pasado si…
El homenaje: A Gustavo Cerati, en la preciosa “La velocidad del tiempo”
Rock and roll Revolution (2014): 9 ptos
Fito vuelve a desenamorarse (en todos los sentidos de la palabra) y da batalla con un disco crudo y rockero, como no enseñaba desde “Ey!”. Hay un homenaje a García, hay despecho por un nuevo amor concluido, pero más que eso, hay una búsqueda de contención en el viejo y querido rock, cuando Fito advierte un regreso del conservadurismo en la vida argentina. Una placa arrolladora, antigua si se quiere, rabiosa.
El verso críptico: “No quiero que me toques, no quiero que me mires, no quiero verte nunca más, hija de puta”. ¿Alguien se perdió en los rulos de la lírica?
Link sugerido: La discografía solista de Charly García, bajo la lupa
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