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El Abrazo, un encuentro ejemplificador

El festival realizado para conmemorar el gesto histórico entre chilenos y argentinos reunió a más de 70 mil personas demostrando el arrastre de las bandas en el país. Repase las alternativas de un encuentro que dará que hablar por mucho tiempo.

Es verdad, El Abrazo fue, según estimaciones oficiales, el evento musical más masivo del año: 70 mil personas llegaron hasta la Elipse del parque O`Higgins. Y es verdad también que el festival celebrado para conmemorar el gesto histórico en Maipú entre San Martín y O`Higgins resultó bien. La convocatoria y la organización estuvieron a la altura. Lo mismo que casi todos los artistas que se presentaron.

Charly García

Foto: El Mercurio

Pese a toso los problemas que tuvo, lluvia incluida, Charly garcía se las arregló para ser uno de los momentos estelares de la maratónica jornada rockera.

Casi todos. Algunos, como Beto Cuevas, Lucybell, la actuación de las cuatro mujeres (Fabiana Cantillo, Javiera Parra, Denisse Malebrán y Nicole) o Vicentino, no alcanzaron mucho vuelo. No por su desempeño sino porque no lograron entrar en sintonía con el público como sí lo hicieron otros. En la vereda están los que la rompieron: Fito Páez, Jorge González, Los Tres o Los Jaivas.

Párrafo aparte merece Charly García. La lluvia y los micrófonos se confabularon en su contra, pero con un carisma a toda prueba, una tonelada de hits y una actitud limpia y en beneficio del espectáculo, el argentino sacó adelante la tarea con un show memorable y adornado por el invitado más despreciable de la noche: la citada lluvia.

Además, rompió la actitud condescendiente del resto: actuó de manera natural y puteó cuando debió hacerlo – “Sonidista te voy a matar”, “no se me oye nada, boludo”, “se inundó no sé que mesa” entre otros improperios – cantó más que el resto, alcanzó peaks emotivos con una que otra interpretación y se ganó hasta ovaciones, un gesto que la audiencia en general no realizó mucho.

Entre los momentos más destacados quedarán en la retina la actuación de Chancho en Piedra (vestidos de espermios), Joe Vasconcellos, Luis Alberto Spinetta, quien fue seguido con extrema devoción más que con fervor (se lució con una versión de “Té para tres” dedicada a “Gustavito Cerati”, como lo definió), Los Tres y Fito Páez, quizás la mejor banda que tocó en el festival: sólida, con un sonido fuerte, nítido y un Fito cargado a la emoción y a los himnos, cautivando a la masa. La enorme cantidad de colaboraciones, por ejemplo Los Bunkers con Adrián Dargelos de Babasónicos o Los Tres invitando a Ismael Oddó de Quilapayún fueron otro ingrediente que enriqueció la maratónica jornada.

Jorge González fue otro de los momentos esperados. Apeló a su carisma para golpear y realizó una revisión íntegra del disco “La voz de los ochenta”. La banda que lo acompañó respondió a las expectativas y siempre con el ex Prisionero la gente espera escuchar no sólo su música sino también el comentario u opinión confrontacional. No fue la excepción: disparó contra los empresarios y el Presidente en lo que ya se ha convertido en su bandera de lucha y de discurso.

Los Jaivas

Foto: El Mercurio

Los Jaivas y “Todos juntos” fueron uno de los momentos culmines del concierto.

El verdadero cierre fue con Los Jaivas. Si bien de manera oficial fue Vicentico, éste quedó como un bis fiestero más que ser un real final para tantas horas y tanta música. Quizás ese era el motivo del por qué nadie quería terminar. Arrastraba una responsabilidad ineludible. En cambio Los Jaivas llenaron el ambiente de alegría, de canto, de calor y de emoción. Dedicatorias (“Mira niñita” al “Gato” Alquinta) y saludos marcaron su actuación, que contó con el retorno, no definitivo, de Eduardo Parra en los teclados. Esta vez, el himno “Todos Juntos” resonó más fuerte que nunca y fue el cierre perfecto.

En términos generales “El Abrazo” cumplió. Logró reunir y armar un cartel masivo de primer nivel entre chilenos y argentinos. Logró convocar a una cifra de personas no vista hace mucho y que fue la audiencia más alta de 2010. La presentación de cada artista, tanto la entrada como la salida del escenario estuvo coordinada y prácticamente no hubo atrasos entre shows. Un festival, un encuentro de diferentes tendencias, estilos y públicos. Apto para todo espectador y que ojalá, se repita. Por lo menos, marca una pauta para próximos eventos de otra índole: algún festival de metal continental, de folclor, etc. La idea resultó. Ahora queda seguir realizando eventos de este tipo para no perder esta sana costumbre de ver bandas en vivo de manera civilizada. Como un abrazo fraterno y ejemplificador.

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