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El día que se detuvo el mundo: Michael Jackson, acusado de la peor perversión

El modelo moral de toda una época, denunciado en el mayor escándalo de la historia del espectáculo. Cumbre, pedofilia, estupidez pública y ocaso de Michael Jackson, el Rey del Pop

Guía de: Rock

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Todo era distinto. El mundo había vuelto a pegar un giro. Otra vez los músicos eran los culpables. Y otra vez lo eran los de los barrios pobres. El rock le había puesto los puntos a Vietnam, al sueño burgués, a las segregaciones humanas. Ahora el pop cantaba su dolor con alegría (¿resignación?): al menos, los pobres podían bailar.

Michael Jackson era el músico más amado del planeta: hacía arte, para los demás; los jóvenes lo admiraban; toda música se contaminaba del sonido de “Thriller”; nadie colaboraba tanto en obras benéficas. Era el Rey. Pero ya saben, todo es efímero. Tic, Tac… Efímero. Ya pasó.

Jacko-con-i-fratelli-ChandlerSu figura dio lugar a todo tipo de leyendas urbanas. Desde siestas en cámaras aisladas hasta tratamientos sobre el color de su piel. Nada fuera de lo usual entre los genios. Como otra excentricidad, Michael compró una finca, construyó un parque de diversiones, un zoológico y un cine para los niños pobres del mundo. Lo llamó Neverland, la “tierra del nunca jamás”, el sitio al que acudía Peter Pan para resguardar la inocencia de la niñez.

Eran otros tiempos. “Maicol” entablaba relación con la familia de los chicos; madres con hijos pasaban días enteros en Neverland. Una noche de primavera, Michael y el pequeño Jordan Chandler vieron “El exorcista”. Es sabido: todo lo relacionado con ese film termina mal.

En el verano de 1993, Evan, el padre de Jordan, denunció al músico por abuso de su hijo. Tanto el niño como su madre June, amiga de Michael, quedaron helados. Pero más helados quedaron los barrios negros de EEUU, llenos de un silencio aplastante: su niño prodigo, devenido en multimillonario, era acusado por uno de sus protegidos. La cuestión era así: por el susto proporcionado por la película, Jordan pidió al músico dormir en su habitación. El músico aceptó. Y el padre no perdió tiempo.

¿Es demasiado perversa esta historia? ¿Poco creíble en un planeta hundido en perversiones cotidianas? Cuando el hecho excedió los juzgados y pasó a los medios, todo tomó la forma de los prejuicios y las fantasías; chimentos que, sumados, conforman lo que llamamos “realidad”. Michael intentó ayudarnos: “Nunca juzgues a nadie con quien no hayas hablado cara a cara”. No le hicimos caso. Aun contra miembros de su familia, Jackson sostuvo su inocencia hasta el último día, incluso cuando las denuncias de abusos se multiplicaron. ¿Pedofilia o nuevos intentos por quitar dinero al artista sensible?

El músico nunca pudo recomponer su imagen y su carrera se desmoronó. Evan Chandler se suicidó el 5 de noviembre de 2009 en un departamento de lujo de New Jersey. Tras su muerte, Jordan confesó haber inventado todo. Pero Michael ya se hallaba en el Neverland genuino: había fallecido meses antes, de un paro respiratorio el 25 de junio. Al menos, uno de los misterios quedó develado: la autopsia arrojó que el astro sufría de vitiligo; casi la totalidad de su cuerpo había perdido el color. Los barrios pobres quedaron en silencio: ya no tenían siquiera el consuelo de bailar.

The Michael Jackson Trial Continues

 

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