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El mítico salto de Charly García desde un noveno piso: ¿Su historia más extrema?

Para celebrar un nuevo fin de año movido del genio musical, recordamos su mítico salto: nada de la cama al living, aquella vez fue del balcón a la pile

Guía de: Rock

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Nos preocupó este mes. Anduvo internado, salió, volvió a entrar. Nada nuevo bajo el sol en la vida de Charly García. Pero junto con los hospitales llegó la mejor noticia: se viene disco nuevo para el año que viene. Random, dicen que se llamará, el modo de reproducción caótica de los temas de un cd. Y ese título… ese título remite a las épocas más heavys de Charly. Recapitulemos.

Charly saltó desde un noveno piso. Así. Como se oye. Se hallaba aquí cerca, del otro lado de la cordillera, en Mendoza, una provincia que le remitía los mejores recuerdos. ¿Cuáles? Volvamos a recapitular. Esto ya parece una máquina del tiempo…

A finales de los 80s Charly se encaramó detrás de una cama cuando la ley llegó a su cuarto de hotel. “¡Abran, somos la policía!”. Charly respondió: “¿Y qué culpa tengo yo si no estudiaron?”. Cuando los agentes derribaron la puerta, el rockero resistió cuanto pudo a fuerza de botellazos, pero finalmente lo cogieron. El baterista Fer Samalea y el violero García Lopez llegaron a la comisaría minutos más tarde y creyeron que habían torturado a Charly, que se encontraba todo violeta. “Estaba apurado y me hice el trámite yo mismo”, les contó Charly, que se había estampado la cara a sellazos.

En 2000 Charly volvió a Mendoza y su amigo Nito Mestre la vio venir. “Tené cuidado”, le mando decir. El exSui Generis sabía que Charly y Mendoza no hacen buen maridaje. Y como así son las cosas en el Mundo-García, la situación volvió a repetirse: Charly de un lado, los polis del otro, esta vez en el hotel Aconcagua y con un agravante: se encontraba en el piso 9. Pero así es García, libre que no piensa desistir, como explica en una de sus canciones; los carceleros de la humanidad no lo atraparían dos veces con la misma red (como dice en otra).

“Salí Charly! Todos somos iguales ante la ley”, gritó un agente un tanto… gordito. Charly asomó la vista por la mirilla de la puerta y no pudo más que sonreir. ¿Todos iguales? Esa vez no lo pronunció en voz alta –al menos no hay testigos que lo confirmen–, pero la respuesta es fácilmente imaginable: así que iguales? sígueme entonces.

Probó con un muñeco, midió el viento, recordó sus nados en la infancia… y saltó. Los fans que lo vieron desde la calle quedaron boquiabiertos, al borde del llanto. Los periodistas salieron disparados al interior del hotel, relamiéndose con la eventual fotografía de Charly ensartado contra el suelo, envuelto en un charco de sangre. Lo encontraron nadando. Tranquilo. Random. O mejor: la vanguardia es así.

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