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“Invisible”, la obra cumbre de La Ley, cumple años y envejece cada vez mejor

Un nuevo aniversario de la obra cumbre de La Ley nos obliga a regresar a aquellos gloriosos años: Los 90s.

Guía de: Rock

La Ley Invisible 1995

Sucedió hace ya veintiún años. Beto Cuevas se durmió y soñó con su viejo compañero, el fallecido Andrés Bobe. El guitarrista se aparecía ante Beto y aseguraba que la banda debía continuar, que él ya no existía para los demás, pero sí para ellos; que sólo la banda lo vería y para el resto sería invisible.

Cuevas despertó, constató que todo fuera un simple sueño, y abrazó la certeza: tenía un excelente nombre para un disco. El álbum llegaría a las disquerías aquel 28 de julio de 1995.

invisible-5La muerte del líder de la banda sometió a La Ley a un período de cambios inevitables. La formación estable del grupo se modificó y las canciones debieron someterse a nuevos criterios: ya no estaba Bobe, ahora Pedro Frugone tomaba las riendas musicales, Rodrigo Aboitiz regresaba para aplicar sus samplers y viejas composiciónes y Beto Cuevas pergueñaba su visión, el disco definitivo de la banda, tras la tragedia acontecida.

Con “Invisible” se consolidó el sonido que haría a La Ley reconocible a primera oída y un gran éxito en el mercado hispanoamericano: los climas post-dark combinados con melodías pop; la enigmática voz de Beto, la lejanas guitarras que elucubraban fantasías sonoras. Todo estaba listo para la explosión popular que ocurrió con “El duelo”, el primer corte que tuvo video en la onda MTV del momento, un hitazo por donde se lo escuchase.

“Invisible” vendió más copias que “Sueño Stereo”, último disco de estudio de la gran banda en castellano, Soda, que por aquel entonces se desangraba en internas; y dio por finalizada la torpe disputa Los tres vs La Ley, unos duros, otros ¿blandos? Eran los últimos años del rock hijo de los 80s, con las baterías secas de The Police, las influencias densas de The Cure, los conciertos en pequeñas salas de Santiago.

Para 1996, La Ley se instaló en México para consolidar su éxito continental y así abrió una herida que jamás cicatrizó del todo: la mudanza supuso una traición para gran parte de sus fans. Los próximos trabajos del grupo tendrían aperturas a los nuevos sonidos; después de llegar a su cumbre, la banda iría de éxitos y fracasos varios hasta aburrirse de sí misma, para regresar el último abril con “Adaptación”, su disco regreso.

En el medio de tantas idas y vueltas, brotaría un flor, el maravilloso unplugged de 2001. Pero ésa ya es otra historia. Culmina aquí el relato del sueño mayor de Beto Cuevas. Su sueño invisible que llevó a La Ley a la cima.

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