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Los tres mejores discos de Cerati en solitario

En Guioteca seguimos conmovidos por el primer aniversario de fallecimiento de Cerati. Pero eso tienen los artistas: cada hecho, feliz o triste, es un buen motivo para redescubrir su obra.

Guía de: Rock

1993 terminaba mal para los fans de Soda Stereo: “Si después de tanto andar estás en el mismo lugar…”, ironizaba Cerati, cabalgado al sonido extremo de la canción “Toma la ruta”. Los rumores sobre mala onda dentro de la banda crecían. “Dynamo”, el último disco publicado por la banda había recogido las mejores críticas, pero no había hecho mella en el gran público. De algún modo, la “etapa sónica” de Soda, había sido el primer retroceso para una banda acostumbrada al ascenso continuo.

Amor amarillo

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Para colmo de males y alentando las expectativas de disolución, Gustavo, cantante y frontman de la banda, publicaba su primer álbum solista, “Amor Amarillo”. Tal demostración no era señal unívoca de disolución. Tan solo su regreso a la guitarra acústica, canciones formales y la participación de su esposa Cecilia Amenabar enseñaban a un Cerati en paces con su carrera artística y su vida personal. El disco tenía enormes momentos en “Lisa”, “Av.Alcorta” y un cover perfecto de “Bajan”, tema emblemático de Luis Alberto Spinetta, ídolo de Gustavo en su juventud.

Pero la historia del rock era elocuente al respecto: cuando las cosas comenzaban a hacerse por separado, era porque algo se desmembraba por dentro. Por aquel entonces nadie deseaba una placa solista de Cerati. Aun cuando se trataba de un trabajo grandioso.

Bocanada

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Para 1999, Soda sí era historia. Tras un par de años alejado del gran ruido, el músico daba el segundo paso, que sería su gran obra maestra: “Bocanada”. En éste se conjugaban dos de las constantes de la obra de Gustavo: su búsqueda incesante de sonido y su alergia por el mínimo estatismo musical.

Toda la placa era un océano de paletas sonoras electrónicas que jamás perdían de vista la canción: el disco entero podía entenderse como fruto de los trabajos experimentales Plan V, Ocio, y del propio “Colores santos”, un buen disco en colaboración con Daniel Melero, del año 92.

Las presentaciones en vivo del disco en Buenos Aires fueron dos: una inolvidable y sensual en un Teatro Gran Rex que parecía el cuarto de un hotel a la espera de los amantes, y dos) una incómoda en el Estadio Obras; las canciones alentaban a los besos húmedos o, de última, a la introspección, pero de ninguna manera a los saltos y el baile.

El álbum se convirtió en disco de culto y fue un éxito de ventas, pero continuaba bajando el arrastre popular de quien alguna vez había reunido a 250.000 almas en el centro de Buenos Aires. ¿Mejores temas de Bocanada? “Tabú”, “Puente”, “Alma” y la dramática “Verbo carne”, grabada en Abbey Road con la London Session Orchestra.

Ahí vamos

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Tras una década completa (¿o más?) de idilio de Cerati con la electrónica, la portada del nuevo disco lo decía todo: Gustavo alzaba una guitarra eléctrica y un rayo de luz prístina surgía de ésta. “Ahí vamos” fue el disco que reconcilió al gran público con el exlíder de Soda. Los trazos de su guitarra furiosa se rodeaban de una banda de rock. A diferencia de las presentaciones de “Bocanada”, cuando Cerati, Leo García y Flavio Etcheto se adelantaban con máquinas ante la audiencia y la base acústica iba detrás, “Ahí vamos” sonaba a power trío: viola, bajo y batería. Había samplers y sonidos y más músicos, pero lo primordial de temas como “Al fin sucede”, “La excepción” y “Lago en el cielo” eran los riffs eléctricos dibujados por ese brillante guitarrista que era Gus.

Poco antes del cierre, la balada “Crimen” contenía una frase que por aquel entonces ningún fan comprendió como una premonición: “… Y en un lento degradé, supe que te perdí”. Antes del extraño final, habría tiempo para más: la reconciliación de Soda Stereo y una última y bella placa, Fuerza Natural, que recuperaba la idea de travesía de aquel lejano “Toma la ruta”: “Nada me importa más que hacer el recorrido; más que saber adónde voy”. Saltando de sitio en sitio, el recorrido había sido brillante.

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