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Muerte de Spinetta, ¿por qué el rock está de luto?

Luis Alberto Spinetta fue poeta, músico autodidacta, tanguero… pero por sobre todo fue albañil del rock argentino y latinoamericano. Levantó pilares donde no había nada… El rock en nuestra lengua le debe más que un aplauso… le debe la vida…

Se nos fue el flaco. La muerte de Spinetta nos deja el recuerdo de un niño oriundo del barrio de Belgrano que admiraba a Van Gogh, leía a los albañiles de la psiquis como Nietzche y Jung, como adelantando su instinto constructivo hacia los sonidos, las letras, las melodías.

Se nos fue el flaco. Un joven estudiante del Instituto San Román que junto a su mejor amigo Emilio comenzaron a hacer surcos en la fértil tierra de la música argentina, plantando las primeras semillas. Una de ellas se llamaba Almendra, que daba como frutos Anas que no dormían, plegarias para niños dormidos y por sobre todo, muchachas ojos de papel.

Muerte de Spinetta

Foto: Agencias

La muerte de Spinetta sacude al rock latinoamericano.

Se nos fue el flaco. Después de domar elefantes y seguir sembrando Almendras por diversas rutas argentinas, se subió en los 70’s a un Pescado Rabioso junto a Franscino, Amaya y Cutaia como jinetes. Clavaron estacas en todos lados, las que serían las fijaciones de este enorme velo que cubriría para siempre el rock en español. Un velo mágico lleno de historias.

Se nos fue el flaco. Creador del mejor disco de la historia del rock argentino: Artaud, en honor a su poeta favorito.

Se nos fue el flaco. A mediados de los ’70 se hizo Invisible. Nos regaló el anillo del capitán beto, pudimos ver que realmente los duraznos sangran de vez en cuando y, como si fuera un enviado del más allá, hizo volar golondrinas en la Plaza de Mayo cuando la mayoría de las veces lo que volaban eran solo balas.

Se nos fue el flaco. Un cosmopolita que a principios de los 80’s, con la ayuda del mismísimo Guillermo Vilas, grabó en Estados Unidos junto al gran Gino Vanelli. Formó Spinetta Jade para hacernos viajar en las aguas del jazz fusión, aunque en los ochenta paralelamente se dio el gusto de volver a sembrar Almendras, esta vez en una tierra argentina mustia, abatida por la injusticia y necesitada de magia, de sonidos, de esperanza.

Se nos fue el flaco. Un partner generoso, que nunca dijo no a grabar con quien fuera su amigo de ruta. Charly, Gieco, hasta Fito, con quien incluso se atrevió a cantar tango como cuando era niño en “Gricel”. Incluso en 1988 inventó un Tester de Violencia. Un calco de los duraznos sangrando pero con una diferencia: en vez de duraznos, era su amada Argentina.

Se nos fue el flaco. El que por última vez se hizo acompañar en su camino haciéndose socio del desierto. Era tal su índice de “fertilidad musical” que dicho desierto se llenó de conciertos al aire libre gratis y de Estrilicia, uno de los registros “unplugged” mas respetados por la cadena MTV.

Se nos fue el flaco. Un flaco que se quedó solo después del cambio de milenio, pero que nunca dejó de crear, de soñar, de arreglar esta tela infinita que puso al inicio de su camino. Cuando el 2009 realizó el impresionante y emotivo “Spinetta y las Bandas Eternas” en el estadio de Vélez, invitó a todos los que alguna vez compartieron su camino de colonización y cosecha. Hasta Cerati, que le hizo el quite al otro lado del camino, compartió su celebración.

Se nos fue el flaco. Único, irrepetible, máquina de magia, de creación, de formas y moldes que sólo él podría habernos dado a todos los que amamos la música y sobre todo, el rock como arte. Todos aquí no te decimos adiós, sino que bienvenido a tu descanso… te lo merecías después de todo lo que hiciste por ésta, nuestra pasión. Tal vez eres el único que la entendiste y la estudiaste como se debía. Por eso nos dejaste. Porque no había nada más que hacer de tu parte… y te lo agradecemos de todo corazón…

Se nos fue el flaco…

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