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Soda Stereo y su “Comfort y música para volar”: ¿El mejor unplugged en castellano?

Breve historia de uno de los grandes unpluggeds: "Comfort y música para volar", de Soda Stereo. ¿Fue el mejor cantado en castellano?

Guía de: Rock

Para comienzos de 1996, los jerarcas de MTV tenían la idea fija: Soda Stereo. El trío más importante de Latinoamérica se resistía al acústico, tal vez por influencia de Cerati, enamorado de la electrónica en aquellos días. Pero los jerarcas no son hombres de aceptar un “no” así como así. Insistieron e insistieron. Gracias totales que así fue.

“Unplugged” era el nuevo niño mimado de la industria. Iniciado en 1989 por XTC y una actuación informal de Bon Jovi, MTV había alcanzado fama mundial gracias a los “desenchufados” de Paul McCartney y Eric Clapton, en 1991. Tras un gran 1995, con Charly García, Café Tacuba y Los Tres, al formato sólo le quedaba una cuenta pendiente. Faltaban ellos.

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Soda Stereo salió a la cancha de los estudios Post Edje, Miami, el 12 de marzo de 1996. Las condiciones eran: Unplugged…plugged. A cambio, bajarían un tempo a algunas canciones, para captar el clima intimista del ciclo. Cuando la banda comenzó una versión acústica de “Un misil en mi placard” todo parecía ir sobre los carriles previsibles: una versión adulta de los otrora juguetones de cabellos enjabonados. Pero las cosas cambiarían para siempre unos minutos después. La colombiana Andrea Echeverri se sentó en un taburete y Cerati comenzó a arrancarle notas electrificadas a su guitarra en un down tempo irreconocible. Cuando Gustavo cantó “me verás volar…” nada volvería a ser del mismo modo.

El concierto fue un viaje hipnótico por diversos universos: la intro de “Chrome Waves”, de Ride, para “Un misil en mi placard”; el riff de “Cementerio Club”, de Spinetta, en “Té para tres”; la complejidad de una redescubierta “Entre caníbales”, más fluida. La contaste actitud de innovación de Cerati quedó reflejada en la arrolladora versión de “Ángel eléctrico”, un tema publicado apenas un año atrás en “Sueño Stereo”, ahora con un arreglo nuevo y superior.

Soda fue acompañado por más músicos en aquel show: Tweety Gonzaléz, Pedro, Diego y Ezequiel Fainguersch, e Iain Baker. Entre todos llevaron a la banda a una estatura musical que sobrevolaba alto y lejos de la etapa darkie de la sodamanía. Pero más aún, Cerati se recibía de violero de estatura mundial. Sus solos en “La ciudad de la furia” y “Génesis”, de Vox Dei, se convirtieron en esas piezas que modifican el mundo: aquello que determina que millones de chicos que podrían ser cualquier cosa, se decidan a ser guitarristas.

Hoy parece increíble que el show fuera publicado casi con culpa, mutilado, un 25 de septiembre, seis meses después. Para “compensar” al comprador, el disco incluyó, como bonus track, outtakes de “Sueño Stereo” (1995), un puñado de temas de estudio. En 2006, la revista Al Borde lo eligió entre los mejores veinte discos de la música en castellano. Al tiempo, el disco sería relanzado con el concierto completo.

Dos unplugged más en castellano pasarían a la historia. El del “flaco” Spinetta y de La Ley. Todos tuvieron excelentes momentos y la primitiva idea de los jerarcas pasaría al recuerdo como la posibilidad pausible de reunir éxito comercial con vuelo artístico. Pero aquel show de 1996 había sido más: el momento cuando Soda hizo magia desenchufado.

 

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