Antes del “Mago” y de “Chamaco” estuvo “Cua Cuá” Hormazábal

Mientras el debate se aviva una vez más apuntando que a la Roja le hace falta un armador, recordamos al que es considerado el mejor de todos en ese puesto: Enrique Hormazábal.

Guía de: Selección Chilena

Mientras se producen discusiones ya con tintes bizantinos sobre ña conveniencia o n de que Jorge Sampaoli incluya en su oncena titular a un armador, con todas las de la ley –con Jorge Valdivia, de por medio, manifestando sus deseos de retornar al seleccionado- vale recordar al que es considerado el mejor en esas labores: Enrique Hormazábal, el popular Cua Cuá Hormazábal.

Poco antes de su fallecimiento el 18 de abril de 1999, quien jugara por Santiago Morning y Colo Colo comentó a la revista Don Balón que sobre fútbol “aprendí solo, jugando pichangas en la calle. El talento es cosa de Dios, el fútbol se juega con los pies, pero nace en la cabeza”.

Cua Cuá Hormazábal en el Panamericano de 1952, junto a -de izquierda a derecha- a Andrés Prieto, René Meléndez y Manuel Colo Colo Muñoz.

Cua Cuá Hormazábal en el Panamericano de 1952, junto a -de izquierda a derecha- a Andrés Prieto, René Meléndez y Manuel Colo Colo Muñoz.

Hormazábal tenía capacidad innata para la actividad, una suerte de pitoniso en el campo anticipando el pase antes que el resto. Era capaz de ubicar una habilitación preciso a 40 metros de distancia con total facilidad, acelerando de esta manera el juego ofensivo. También remataba de distancia y ponía una dosis de guapeza cuando ameritaba.

Sus primeros chutes los dio a pie descalzo en los improvisados partidos del barrio Balmaceda. Cuenta la leyenda que en esos informales pleitos se desempeñaba en cualquier puesto, con tal de patear la pelota de trapo en compañía de sus compinches de turno. A pesar de no lucir calzado, el pequeño se destacaba por sobre el resto por su complicidad con el balón. Por eso, cuando despuntaba a la adolescencia, fue integrado al club Vizcaya.

El cambio fue drástico, ya que tuvo que aprender a usar botines, lo que le incomodaba de sobremanera. Si bien sintió que sus pies estaban encarcelados en el botín con estoperoles, no perdió la picardía propia de su origen en los arrabales. Sin cumplir 17 años, y cuando se había afirmado como centro half –lo que hoy sería el volante central-, el doctor Hidalgo, dirigente de Santiago Morning, lo vio en pleno desempeño en el Canódromo y se lo llevó al club bohemio.

Pero el hábil jugador dudó mucho en tomar la respectiva decisión, ya que no quería desprenderse de sus afectos. Previo acuerdo de ser inscrito en la serie intermedia –sin contar con la edad mínima para aquello- se integró al cuadro recoletano. Luego de un paréntesis en el Vizcaya, retornó al Chago, pero ahora a Cuarta Especial.

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Altas y bajas

En 1949 se produjo su debut  en la serie de honor, en el marco de la Copa Carlos Varela. A partir de ese momento su carrera tomó un rumbo meteórico: fue preseleccionado nacional al Mundial de Brasil 1950, en el comienzo de su etapa en la Roja, alineando como extremo derecho.

Seis años después pasó a Colo Colo, ya como el gran número “8” que era. Con los albos ganó tres títulos (1956, 1960 y 1963), además de ser el espejo de un mozalbete que a principios de los 60 amanecía en el elenco popular: Francisco Chamaco Valdés. Además de su maestría, apelaba a la guapeza si lo buscaban. Él mismo señaló que “cuando me golpeaban, yo lo contaba: llevas uno… llevas dos… a la tercera empezaba a pegar yo”.

Siempre se ha mencionado que el Mundial de 1962 debió ser el corolario de su carrera. Sin embargo, a poco de comenzar el proceso en 1958, quedó fuera. Según él, porque no lo dejaron utilizar sus propias vendas y medias, ya que todos los jugadores debían vestir el uniforme asignado. Según el técnico Fernando Riera, todo pasó porque no aceptó las condiciones de disciplina y de infraestructura que se impusieron en la plantilla. Todo pasó, específicamente cuando la llamada Selección Mayor debió disputar un pleito en La Serena; el respectivo traslado se realizó en bus, pero Hormazábal opinó que por qué no se hacía en avión. Después de eso, nunca más fue convocado.

Origen de su sobrenombre

Con relación a su popular sobrenombre, él comentó que “yo ayudaba a vender diarios a un amigo. Al final de cada jornada, le pedía 40 centavos para pagar el colectivo, que me hacía regresar de Matucana por Mapocho abajo. Mi amigo terminó llamándome Cuarenta. Con ese apodo llegué a Santiago Morning. Pero el doctor Hidalgo pensó que eso sonaba feo y me lo cambió por Cua Cuá. Y ahí quedé para siempre”.

A fines de los años 80, Cua Cuá Hormazábal fue elegido uno de los cinco mejores futbolistas de nuestra historia junto a Leonel Sánchez, Elías Figueroa, Carlos Caszely y Sergio Livingstone.

A fines de los años 80, Cua Cuá Hormazábal fue elegido uno de los cinco mejores futbolistas de nuestra historia junto a Leonel Sánchez, Elías Figueroa, Carlos Caszely y Sergio Livingstone.

En 1989, Hormazábal fue elegido por la revista Minuto 90 como uno de los cinco mejores futbolistas chilenos de la historia –junto a Sergio Livingstone, Elías Figueroa, Carlos Caszely y Leonel Sánchez-. Al respecto, se escribió de él: “Fue un 8 para cualquier época, táctica o sistema. Cua Cuá lo tuvo todo, desde la técnica en la pegada, la visión estratégica, poder conductor y una picardía innata, inherente a su origen popular. (…) Con pelota muerta fue, asimismo, un maestro. Dándole de empeine o aplicándole el chanfle que confiere al balón la parábola que elude la barrera”.

En la Selección Nacional, entre 1950 y 1963, alineó en 43 partidos Full International marcando 17 goles.

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