¿Cómo logró Chile su tercer lugar en el Mundial de 1962? Así era su sistema táctico

La exhibición por TV de los partidos de la Roja en el mítico Mundial permitió observar el avance que significó para el fútbol chileno las estrategias utilizadas por el equipo de Fernando Riera.

Guía de: Selección Chilena

El plantel completo del Mundial de 1962. Aparte del tercer puesto, su despliegue aportó en la modernización táctica del fútbol chileno.

El plantel completo del Mundial de 1962. Aparte del tercer puesto, su despliegue aportó en la modernización táctica del fútbol chileno.

El reciente fin de semana el CDF puso en pantalla los partidos que construyeron el legendario tercer lugar en el campeonato Mundial realizado en nuestro país, hace 58 años. Además de gozar, “en directo”, con los goles de Leonel Sánchez, Jorge Toro, Jaime Ramírez y Eladio Rojas se pudo apreciar lo que significó la implantación del 4-2-4 por parte del DT Fernando Riera. Aspecto que posibilitó la modernización táctica del balompié nacional, y que se comienza a detallar a continuación.

La defensa. Fernando Riera tenía dos axiomas a la hora de establecer su Sistema de Juego. Por un lado, el rival era el que debía preocuparse por cómo jugaba su equipo. Por el otro, postulaba que “no puede haber un equipo sin orden y seguridad defensiva” rotando el balón para encontrar el resquicio para iniciar el ataque.

De esta manera, para cuidar la testera el estratego utilizó la Línea de Cuatro, descartando los tres backs que imperaban en el balompié nacional hasta fines de los 50. Sus dos laterales (Luis Eyzaguirre y Sergio Navarro) tenían como prioridad cuidar la zona, pero también intentar la incursión por la banda para aumentar el volumen de ataque por las puntas –detalle muy poco común en nuestras canchas por aquellos tiempos-.

Paralelamente, sus centrales (Carlos Contreras y Raúl Sánchez) marcaban, justamente, en zona. Sin embargo, el Pluto Contreras se adelantaba algunos metros para oficiar de guardaespaldas de sus compañeros del mediocampo, aportando en la marca. Eran los primeros aprontes de lo que posteriormente se conoció como Volante de Contención. Sánchez, por su parte, era el de la salida limpia para habilitar al compañero mejor ubicado… en cierta forma, un líbero.

En su conjunto, esta franja defensiva no jugaba muy replegada sino que estaba adelantada un poco más allá del límite del área para poder jugar en bloque junto al resto del equipo. De esta manera, se evitaban brechas entre las líneas que podían ser aprovechadas por el rival.

El mediocampo. De acuerdo al esquema, Jorge Toro era el armador –o sea, jugaba “de 8”- buscando a sus compañeros de ofensiva con trazos largos o apelando al remate de distancia –no en vano, tras el Mundial emigró a la Sampdoria italiana-. A su lado, Eladio Rojas aportaba con el trajín, fundamentalmente longitudinal para la recuperación y el respaldo en ataque, lo que se conocía como Volante de Apoyo. Y tal como Toro, agregaba el remate de media distancia –así le anotó a Unión Soviética y a Yugoslavia-.

Todo ese peso de responsabilidades se aliviaba con el retraso, por la derecha, de Jaime Ramírez y, por la izquierda en menor grado, de Leonel Sánchez. Ramírez era más polifuncional porque si bien, de forma nominal, era el wing diestro –“el 7”-oficiaba también en la conducción. Oficio que relució en el épico duelo ante los yugoslavos al asumir la manija tras la lesión de Toro quien, imposibilitado de cumplir y al no haber cambios, se adelantó dejando su puesto a Jaime Ramírez quien dominaba todo el frente de ataque –no en vano, el fue quien personificó el llamado wing fantasma-.

Leonel Sánchez, por su parte, aportaba con el pique por su carril para buscar el centro o el disparo a puerta. Sin embargo, esta movilidad de Ramírez y Sánchez transformaba el 4-2-4 en un 4-4-2 que reforzaba lo del “orden y seguridad defensiva” y que Riera implantaría en sus equipos unos años más tarde.

El ataque. A las ya enunciadas labores de los laterales más el despliegue en el mediocampo, Alberto Fouillioux –ante Suiza e Italia- y Armando Tobar –en el resto del campeonato- oficiaban lo que era una suerte de “media punta” ayudando en el desahogo a Toro y dejando a Honorino Landa y Carlos Campos –ante Brasil y Yugoslavia- como “punta de lanza” esperando el pase de sus compañeros.

tactica

Físico. Aspecto fundamental en el despliegue del juego. Es sabido que tras la Gira Europea de 1960, Fernando Riera determinó –tras anotar que en todos los partidos, tras unos impecables primeros tiempos la debacle llegaba en los complementos, registrando algunas goleadas en contra- que había que trabajar muy bien la preparación física para mantener el despliegue. Y eso se logró tanto en las prácticas como con la nutrida agenda de partidos de preparación, tanto con clubes como selecciones nacionales.

De esta manera, se logró igualar y superar a cuatro de los cinco países europeos que Chile enfrentó en el Mundial (3-1 a Suiza, 2-0 a Italia, 2-1 a URSS y 1-0 a Yugoslavia; derrota 2-0 con Alemania Occidental); cayendo ante el movimiento e improvisación de Brasil (4-2) liderado por la mejor versión de Garrincha y el despunte de Amarildo.

El legado. Tal como se insinuó en los primeros párrafos de esta crónica, la utilización del 4-2-4 por parte de la Selección Nacional significó para el balompié nacional el fin del 3-2-5 (o WM) que se había establecido en 1941 con el Colo Colo campeón de Platko. Fue una adaptación a las nuevas tendencias tácticas fraguadas con lo mostrado por la Hungría subcampeona mundial en 1954 y el Brasil campeón en Suecia cuatro años después.

Esto, porque el nuevo Sistema de Juego creaba superioridad numérica tanto en defensa como en ataque, con el equilibrio que entregaban los dos hombres del mediocampo. Además, las funciones de cada jugador eran más variadas, no fijas. Vale decir, ahora el wing derecho no sólo debía ubicarse por su banda para esperar el balón e iniciar la corrida para sacar el centro al área contrincante sino que también retroceder algunos metros para iniciar la carga. O el zaguero ahora podía adelantarse un tanto de su área para aumentar la agrupación en la zona media de la cancha. Esta “modernización” del esquema ayudaba en la recuperación para mantener la comunión de las tres líneas. O, por decirlo de otra manera, mantener compacto a todo el bloque.

Todo esto fortaleció el campo donde en la década de los 70 se posibilitaría la llegada del 4-3-3 y del 4-4-2.

La alineación del épico partido ante Yugoslavia. Arriba, de izq a der: Humberto Cruz, Raúl Sánchez, Eladio Rojas, Adán Godoy, Manuel Rodríguez y Luis Eyzaguirre. Abajo: Jaime Ramírez, Jorge Toro, Carlos Campos, Armando Tobar y Leonel Sánchez.

La alineación del épico partido ante Yugoslavia. Arriba, de izq a der: Humberto Cruz, Raúl Sánchez, Eladio Rojas, Adán Godoy, Manuel Rodríguez y Luis Eyzaguirre. Abajo: Jaime Ramírez, Jorge Toro, Carlos Campos, Armando Tobar y Leonel Sánchez.

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