Nacionalización de Mauro Zárate: ¿el fenómeno del “Premio de Consuelo”?

El anuncio de que el delantero argentino, gracias a que su padre es chileno, aceptó el llamado de Jorge Sampaoli para integrar la Roja abre un debate obvio, entre “nacionalistas” y “pragmáticos”.

Guía de: Selección Chilena

Era lógico. Opiniones encontradas tiene el anuncio de la nacionalización del delantero argentino Mauro Zárate para jugar en la Selección Chilena, buscando su opción de integrar el plantel para la próxima Copa América.

Lo de Zárate es parte de un fenómeno que se ha dado, últimamente, en el balompié mundial y al cual el fútbol chileno le es imposible hacer el quite: apelar a nacionalizados para reforzar al representativo absoluto. Esto produce un inevitable debate entre nacionalistas –los férreos defensores de la patria, en todo ámbito- y pragmáticos –aquellos que promulgan que mientras el tipo sea aporte, da lo mismo el hospital o clínica donde nació-.

El tema en sí contiene dos aristas: los que cambian de nacionalidad por decisión propia y los que, derechamente, lo hacen por interés –o también, como una suerte de Premio de Consuelo ya que en la Selección Nacional de su país de origen no tiene cabida-.

Rodolfo Almeyda, argentino de nacimiento, es el nacionalizado con más partido en la Roja.

Rodolfo Almeyda, argentino de nacimiento, es el nacionalizado con más partido en la Roja.

En el primer caso, se puede citar lo sucedido con Rodolfo Almeyda. Bonaerense, llegó a Chile en 1946 para jugar en Universidad Católica, y después –a partir de 1953- en Palestino. De muy buena técnica e impecable remate de cabeza, cuando llevaba seis años de residencia en nuestro país tomó la nacionalidad por propia decisión. Lo de ser convocado para vestir la camiseta roja en 22 cotejos Full International, incluyendo las Eliminatorias al Mundial de Suiza 54 y las Copa América de 1955 y 1956 fue porque cumplió con los requisitos, vale decir era chileno. Y sin presión de nadie. Para refrendar que su opción fue más allá de un interés futbolístico, tras su retiro en 1961 se quedó aquí hasta el fin de sus días.

Otro ejemplo. Jorge Américo Spedaletti arribó en 1969 a Universidad de Chile, extendiendo su campaña hasta 1981 con estaciones en Unión Española, Everton y Deportes Concepción. En 1975, tras obtener la carta chilena, alineó en nuestro representativo en la Copa América y en las Eliminatorias para el Mundial de Argentina 78.

Sergio Vargas jugó por la Roja en 10 partidos oficiales, en 2001.

Sergio Vargas jugó por la Roja en 10 partidos oficiales, en 2001.

Más reciente es lo registrado con Sergio Vargas, quien casi recién una década después de su llegada a Universidad de Chile resolvió, obviamente previa nacionalización, atajar en la valla chilena. Mención aparte: los desafortunados dichos de un comentarista quien al ver a Vargas luciendo la jineta de capitán ante Ecuador en Santiago, en el último duelo por las Eliminatorias a Korea-Japón 2002, expuso en pantalla que no le gustaban que los nacionalizados gozaran de esa unción…

Premio de Consuelo

Los pragmáticos argumentan a favor de Zárate que Matías Fernández nació en Argentina, que Jorge Valdivia hizo lo propio en Venezuela y que el padre de Jean Beausejour es haitiano. Los nacionalistas dirán que ellos tres se han criado aquí y que juegan por Chile por el amor a la tierra.

Al margen de lo anterior, hay que remarcar que lo del Premio de Consuelo es un fenómeno que poco a poco ha ido creciendo. Porque basta con encontrar un pariente perdido –como el primo del abuelo del tío, o algo así- para obtener el nuevo pasaporte y así tener una alternativa para formar parte de una segunda Selección Nacional, al no contar con posibilidades en una primera ídem. Y con los futbolistas argentinos hay muchos exponentes de esta situación.

De hecho, en el título mundial de 1934 que anotó Italia cuatro de sus titulares eran argentinos que, al tener parientes itálicos, pudieron vestir la azzurri. Hablamos de Enrique Guaita, Atilio Demaría, Luis Monti –el que recibió el puñete del Chato Subiabre en el Mundial de 1930- y Raimundo Orsi –quien llegó a Chile en 1943 para dirigir a Santiago National-. Más reciente es el caso de Lucas Barrios que, gracias a que su madre es paraguaya, alineó por la Selección guaraní en el Mundial de Sudáfrica 2010.

A nivel macro, lo de los nacionalizados es una tendencia que se da, incluso, en representativos de altos kilates como Francia, que incluye a muchos herederos de emigrantes africanos. También Alemania tiene pases en este partido, con Miroslav Klose y Lucas Podolski –descendientes de polacos- y Mehut Ozil –con antecedentes turcos-.

Por ende, hay que esperar qué hará Zárate. Por lo menos, durante su estancia en Vélez Sarsfield demostró sus condiciones de goleador, totalizando 28 tantos entre 2003 y 2007; y 20 más en su breve estadía en la pasada temporada antes de fichar en el club inglés West Ham United. Está en él y, principalmente, en lo que haga en la cancha para demostrar que su opción de vestir la roja fue por un sentimiento, matizado porque su padre es chileno, y no su segundo plato al darse cuenta que una posibilidad de calzarse la albiceleste trasandina no existe ni en sus sueños.

Pero ojo, un detalle. Esta nueva convocatoria deja entrever también que el DT Jorge Sampaoli no encuentra entre los futbolistas chilenos –¿a esta altura se deberá comenzar a decir “chilenos, propiamente tales”?- a un exponente como piloto de ataque. ¿Y cuándo habrá alguna nueva oportunidad para Angelo Henríquez o Nicolás Castillo? Bueno, Sampaoli es el que manda.

Con tal que no se dé lo vivido con un arquero trasandino llamado Omar Antonietti, todo bien. Porque este guardavallas -que en la segunda mitad de la década de los 70 jugó en Deportes Concepción, Santiago Wanderers y Deportes Arica- atajó en nuestras canchas luciendo una casaquilla roja con un gran escudo tricolor en el pecho, pantalones azules y medias blancas. O sea… ¡el uniforme de la Selección Chilena! Tal vez lo hizo como agradecimiento a esta patria, vaya a saber uno. Pero tras su etapa por estos lares, retornó a su país como si nada. Y de ese polerón con el escudo chileno nunca más se supo…

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