Sampaoli: El ocaso del héroe que cayó del cielo al infierno y renegó del amateurismo

Sin estaciones intermedias, el casildense cayó desde el Olimpo al Averno producto de sus ambiciones desmedidas.

Guía de: Selección Chilena

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Iba en la perfecta ruta para superar el mítico recuerdo de Fernando Riera y su tercer lugar en el Mundial de 1962. También, a pesar de su pequeña estatura, lucía más que el perfil ABC1 que ostenta en forma natural Manuel Pellegrini. A Jorge Sampaoli lo avalaba lo que hacía en la cancha, siempre luciendo buzo y, alguna vez, un jockey para proteger su impoluta calvicie.

Cuando asumió en la Roja, a inicios de 2013 el rating favorecía a Sampaoli gracias a sus labores en Universidad de Chile y un estilo de juego que causaba admiración internacionalmente. No en vano, se habló del Barcelona de Sudamérica.

Tal como se esperaba, todo eso lo extendió en su estadía en Pinto Durán con un brillante envión en las Clasificatorias mundialistas, una destacada intervención en el Mundial de Brasil con los puntos altos en la victoria sobre España y tener de rodillas –algunos llorando- a los garotos en la definición de Octavos de Final. El título de la Copa América refrendó todo lo anterior y dejó al casildense en el olimpo continental.

Hasta ahí todo bien. El casildense era el favorito el pueblo… y de los bancos que le pedían filmar algún comercial dando a conocer las bondades de los créditos de consumo. Gozaba casi de una devoción absoluta similar a la que Villa feliz tenía para con Míster Pipa.

El ocaso del héroe

Pero cual tragedia griega, el héroe cayó. Esta vez no fue una bengala la que destruyó todo lo hecho, tal como le sucedió al Cóndor Rojas en aquel nefasto 3 de septiembre de 1989.

No. Fue algo peor. Fue el pecado de la ambición, reflejado en el dinero en billetes verdes estadounidenses. Esos manejos turbios con la anterior administración de la ANFP lo mancharon en forma indeleble. Para peor, se fue metiendo en un enredo de explicaciones que él mismo no terminó de entender. Casi como un enfermo bipolar, se contradijo con lo que decía de un día para otro. La coronación de todo fue utilizar la palabra “rehén” para terminar de contaminar el ambiente.

Sampaoli quedó como rehén de sus bajas emociones. Esas que le hicieron olvidar el amateurismo que tanto pregonó para alcanzar los objetivos trazados. Bajas emociones que lo enceguecieron y que le impidieron darse cuenta que el apoyo popular que tenía –y que cualquier político se quisiera tener- se había transformado en rechazo.

Sampaoli estaba entrando a la puerta grande de la historia. Tal como Luis Tirado o Mirko Jozic. Pero ahora está saliendo por el portón de atrás… tal vez, porque le faltó la rectitud de Fernando Riera o la calma de Pellegrini.

Sampaoli tenía todo… y por ambicionar más, terminó perdiendo.

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