¿Sufre la Roja de “Vidaldependencia”?

El retorno de Arturo Vidal a la cancha, tras casi dos semanas fuera por su dolencia en la rodilla, relajó el ánimo del DT Jorge Sampaoli y de la hinchada.

Guía de: Selección Chilena

Los 10 minutos que el lunes último jugó Arturo Vidal, por la Juventus ante el Sassuolo, le devolvió la calma a la hinchada y al DT de la Roja, Jorge Sampaoli. Porque la dolencia en la rodilla que acusó el volante hizo transpirar helado al estratego, sabiendo que Celia es uno de los fijos en su esquema para el Mundial.

¿Es Vidal, entonces, un inamovible en el equipo titular del seleccionado? Sabido es que el oriundo de San Joaquín es considerado uno de los mejores en su puesto. No en vano, su nombre siempre está en la mira de algunos grandes europeos, como el Barcelona. Sin embargo, con la Roja –hasta la llegada de Sampaoli- estaba moroso en su rendimiento. No lucía lo mismo que con la Juve.

Arturo Vidal

Foto: Agencias

Aprovechando la reconocida polifuncionalidad de Vidal, el DT Claudio Borghi, en su período durante las Clasificatorias, lo utilizó como stopper por la izquierda ante Argentina, en Buenos Aires; como volante central con Perú, en Santiago; y como líbero al enfrentar a Colombia en el estadio Monumental. No destacó cuando formó en el sector defensivo. Eso, matizado con un par de evitables y, a la vez, ridículas expulsiones –ante Ecuador, en Quito; y en el amistoso con Serbia, en St. Gallen por patadas al voleo sin razón de ser- llevó a pensar que el Vidal que alineaba con la camiseta roja era un clon imperfecto del que vive en Turín.

Pragmatismo de Sampaoli

Sampaoli, un técnico que privilegia el “valor equipo” o “valor esquema” por sobre el “valor hombre”, fue pragmático al ubicar a Vidal donde mejor luce su polivalencia y dominio de ambos perfiles: en el medio. Era eso, nada más. Porque en la Juventus, en el esquema 3-5-2 de la Vecchia Signora, Celia Punk se desempeña como volante por la derecha, cuán edecán del incombustible Andrea Pirlo que mueve todo desde el centro.

Con esa tarjeta de presentación, Arturo Vidal en el 3-0 sobre Venezuela, en Santiago, fue ubicado a la izquierda de esa zona. En el 3-3 con Colombia, en Barranquilla, jugó por la derecha. Y en el 2-1 a Ecuador, en Santiago, alineó al centro escoltando a Jorge Valdivia.

Justamente, en el puesto del Mago –el clásico volante de enlace- Vidal ha jugado en dos ocasiones, bajo la batuta Sampaoli. Ante Bolivia (3-1 en Santiago) y Alemania (0-1 en Stuttgart). El objetivo es aprovechar su despliegue y constante movilidad, a lo largo y ancho, para recuperar el balón y protagonizar una salida rápida hacia el área rival.

Esto lo convierte en un fiel heraldo de quienes promulgan que en el fútbol moderno el centrocampista nominalmente llamado “El 10” no sólo debe preocuparse de ingeniar algún ataque o sacar un pase sorpresa, sino que también colaborar con el resto en el trabajo de quite y defensa neta. Antípoda de los defensores del fútbol clásico, a quienes al ya nombrado 10 le cabe sólo la labor de crear, enlazar e iniciar el ataque con su sapiencia técnica y dominio del frente –postulado muy bien valorado en Sudamérica, con exponentes como el propio Valdivia o como lo fue el argentino Juan Román Riquelme-. Por eso, Vidal es alternativa viable para considerar en esa ubicación… aunque se sabe de sobra que para Sampaoli la preferencia para desempeñarse en el centro es el de Palmeiras.

Pero, ¿y si Vidal, por los imponderables que escriben los dioses del balompié, no llega al Mundial? Aparte del susto en la mayoría del país, la pregunta obvia sería quién sería su reemplazante. Puede ser el recién nominado Rodrigo Millar, quien cumple su labor por el carril diestro en el Atlas mexicano. O Charles Aránguiz, que ante Alemania se ubicó en esa plaza.

En todo caso nadie es imprescindible, lo reza el lugar común. Sin embargo, parece que hay un aroma a Vidaldependencia en el mediocampo de la Selección. Los resultados lo avalan.

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