“La Pequeña Casa en la Pradera”: La perturbadora historia de cómo Melissa Gilbert asumió su alcoholismo

La actriz luce recuperada; sin embargo, en el pasado, sufrió los demonios en carne propia, e hizo un descarnado relato en su libro de memorias.

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A 40 años del final de “La Pequeña Casa en la Pradera”, la serie con Michael Landon continúa firme como uno de los grandes clásicos de la televisión. Es al día de hoy, que muchos seguidores continúan recordándola y -sobre todo- extrañándola en pantalla.

Lamentablemente, algunos protagonistas padecieron fuera de pantalla. El mencionado Landon falleció el 1° de julio de 1991, víctima de un cáncer fulminante de páncreas. Melissa Gilbert, quien representó a su hija Laura Ingalls, también acredita haber transitado por un episodio traumático, Es cierto; no al mismo nivel que su colega.

Melissa Gilbert y su perturbadora historia con el alcohol / mag.elcomercio.pe

Melissa Gilbert y su perturbadora historia con el alcohol / mag.elcomercio.pe

Es conocido que la artista de 59 años sucumbió al alcohol, en una adicción que la tuvo a mal traer. Y si bien ya se encuentra recuperada y en total sobriedad (esto, en parte, fue gracias a haber contraído matrimonio con Timothy Busfield, fue la propia artista quien relató en forma descarnada cómo se dio cuenta de este grave problema.

A través de su primer libro de memorias, titulado “Prairie Tale: A Memoir”, Gilbert dio a conocer un hecho indicativo de su situación. La actriz estaba casada con Bruce Boxleitner, y todo ocurrió en una noche en la que recibieron la visita de un amigo.

“Ni Bruce ni Archie bebieron esa noche, pero yo tomé mi copa de vino, que rematé en secreto durante toda la noche hasta que sucedió algo. Fue como si se accionara un interruptor. Ni siquiera me acuerdo”, sorprendió la intérprete a sus lectores.

“Por lo que me han dicho, acosté a Michael (su hijo) y me uní a Bruce y Archie en la sala de estar. Me senté en la cama para perros, conversé con ellos y me quedé dormida. Eso era hablar de negación: me desmayé boca abajo en la cama del perro”.

Lo peor sucedió al despertar en la habitación para invitados: fue allí que Melissa se dio cuenta del inconveniente: lo primero que hizo al abrir los ojos, fue decirle a Boxleitner que “tengo un problema”. El hombre solo atinó a coincidir: “Sí, tienes razón”.

Tras este episodio, Gilbert recurrió a su terapeuta en carácter de urgente. “Sentí que era de vida o muerte. Mi matrimonio y mi capacidad para ser madre estaban en juego. No recordaba haber acostado a mi hijo la noche anterior. Le había puesto a mi marido nombres terribles, palabras que nunca antes habían salido de mi boca”.

Su idea era recuperarse bajo un hermetismo total: no quería que la prensa se entere y, como consecuencia, terminar en las portadas de los medios como una adicta. En ese sentido, “acordamos intentar rehabilitarnos en casa y si era demasiado, me registraría en algún lugar”. En la actualidad, como dijimos, vive tranquila junto a su tercer marido. 

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