Responsabilidad de padres es clave en habilidades sociales

Los progenitores tenemos un importante rol a la hora de hablar de conducta en los niños, con o sin Síndrome de Down. Necesitamos poner límites y aunar criterio dentro de la familia y, posteriormente, con el establecimiento educacional.

Guía de: Síndrome de Down

Así como los profesores son los primeros encargados de hacer las adecuaciones curriculares para sus alumnos con síndrome de Down y discapacidad intelectual, los padres y las madres somos los primeros responsables a la hora de hablar de habilidades sociales.

Poner límites claros al educar cobra primordial importancia también cuando hablamos de nuestros hijos con síndrome de Down o discapacidad intelectual. Sin embargo, solemos entramparnos en conceptos derivados de “pobrecito”, “para qué lo vamos a hacer sufrir”. Cuando en realidad, si no logramos establecer normas mínimas de convivencia, la educación de nuestros hijos o hijas será cada vez más compleja y nos privaremos de una serie de beneficios que se derivan de una sana convivencia.

Síndrome de Down

Foto: teresadejesus.wordpress.com

Los padres deben aunar criterios a la hora de enseñar hábitos a sus hijos.

Un ejemplo que ocurre con bastante frecuencia entre los niños pequeños (hablo de todos los niños) es el relacionado con la agresión física.

Los niños NO deben pegar, ni en su casa, ni en la escuela, ni con, ni sin síndrome de Down. Esta es una norma que debiera ser intransable cuando hablamos de convivencia, regla que además pueden seguir la gran mayoría de los niños y niñas también con síndrome de Down.

Habrá que revisar por supuesto cuál es la razón por la que ese niño o niña está pegando (que no debe intentar encontrar respuesta en el síndrome de Down, sino en su contexto) y dar claras señales en relación a la consecuencia como respuesta a un niño o niña, que entiende lo que está bien, de lo que está mal.

Me refiero a que al igual que otro niño, debemos enseñar que una actitud positiva conlleva consecuencias positivas, y una actitud negativa conlleva consecuencias de la misma índole.

La gran diferencia está en que tal vez el chico con síndrome de Down se demore un poco más en aprender, versus otro niño sin síndrome de Down, que a la primera o la segunda ya le queda clara la norma y la consecuencia. No porque demore más, debemos desfallecer ante la consecuencia o frente a la posibilidad de aprendizaje.

Lo peor es quitarle el estímulo, porque se evita el aprendizaje. Habrá que exponerlo más a la situación que queremos que supere, entendiendo que es necesario que aprenda lo que yo estimo conveniente.

Hábitos que se aprenden en la casa

Aprender a saludar, a agradecer, a pedir por favor, a disculparse, a comer de todo y con buenos modales, a hablar por teléfono, a tocar la puerta antes de entrar, a compartir, a ser generoso, a ser solidario y a ser cuidadoso con los materiales, a mirar a los ojos cuando se habla, etc. son hábitos que necesitan ser enseñados en la casa por lo padres y madres, seguidos por consecuencias claras que marquen los límites (cada familia buscará los suyos).

Que perdiste tu tijera….bueno, la deberás comprar con tu mesada…

“Dame el pan”….¿cuál es la palabra mágica?… “Por favor”

Y tantos miles de ejemplos que surgen a diario en la casa.

Si los padres y madres no asumen esta responsabilidad acompañada de una acción propia acorde a lo pedido al niño, claramente la educación se verá desfavorecida…la de cualquier niño….aun más la de un niño con síndrome de Down por ser más vulnerable.

Que padre y madre aúnen criterios es de fundamental importancia a la hora de enseñar. Una familia, un mensaje.

Más tarde, y en relación a la inclusión escolar, padres y colegio también necesitan  aunar criterios. Familia y Colegio, un mensaje.

El uso de una comunicación precisa y concreta cobra importante relevancia en estos temas:

Los padres  con frecuencia enfocan su mirada hacia las las causas de la conducta inadecuada de su hijo o hija y la escuela enfoca su mirada en la acción incorrecta del alumno o alumna. ¡Están hablando de temas diferentes! Es ahí donde se producen desencuentros. Habrá que resolver punto por punto para llegar a acuerdos.

Amor y límites no son contradictorios sino necesariamente complementarios.

Los programas de educación superior para personas con discapacidad intelectual en otros países están dando las primeras señales de que hay que generar cambios importantes al respecto.

Esto último fue tema en el último Congreso Latinoamericano referido a personas con síndrome de Down, realizado en Granada, España. No podemos seguir pretendiendo que los jóvenes con discapacidad intelectual tengan como contenidos en su malla curricular de estudios superiores, por ejemplo: Saludar o despedirse.

Por supuesto una posibilidad es ofrecer talleres complementarios que aborden estas temáticas, sin embargo el tema de las habilidades sociales tiene su base en el apoyo familiar.

¡Esa es tarea nuestra, que comienza desde los primeros años de vida! Hay roles que no podemos ni debemos delegar.

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