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Andre Agassi: El niño bueno y malo del tenis

Hace una semana Andre Agassi ingresó al Salón de la Fama del Tenis gracias a una brillante trayectoria, donde no sólo luchó contra rivales dentro de la cancha sino también contra sí mismo fuera de ella, donde una vez más salió ganador.

Andre Agassi fue condecorado con el ingreso al Salón de la Fama del Tenis en el torneo de Newport sólo cinco años después de su retiro profesional. Vestido de traje con su pinta elegante es muy difícil imaginar que en la primera parte de su carrera fue un rebelde que iba contra las reglas y llamaba la atención tanto por su vestimenta como su tenis.

Agassi

Foto: El Mercurio

Sí, el chascón de la foto es Agassi, en los inicios de su carrera.

La vida tenística del jugador nacido en Las Vegas en 1970 se puede dividir en dos: la primera etapa del chico malo y la segunda parte del chico bueno, ambos con tremendos resultados dentro de la cancha pero con una lucha constante fuera de ella.

La presión por ser un grande del deporte la tuvo desde que tenía dos años, cuando su padre Mike –boxeador olímpico para Irán-  le regaló su primera raqueta y así le traspasó su obsesión de tener un hijo que se dedicara a ese deporte. A los 13 años Andre Agassi ya deslumbraba en la Academia de Nick Bolletieri –quien lo aceptó gratis por su calidad- y con 16 años entró al mundo profesional.

El talento de Andre Agassi era comparable a su imagen, con un pelo largo frondoso –luego confesaría que era una peluca- y en cada torneo sorprendía con una vestimenta llamativa, ya sea por su colorido o su estilo, llegando incluso a jugar con shorts de jeans alguna vez. Así su lema fue “la imagen es todo” la cual fue explotada por las marcas con un adolescente rebelde.

Por esto mismo no jugó Wimbledon entre 1988 y 1990, por la obligación de jugar de blanco, pero paradójicamente sería en ese mismo torneo donde lograría su primer Grand Slam en 1992 en una hazaña notable por ser un jugador de fondo de cancha, en tiempos donde Wimbledon era dominado por el saque y red. En 1994 ganaría por primera vez el US Open y en el ’95 el Abierto de Australia, misma temporada donde llegó al No. 1.

Agassi

Foto: Reuters

Agassi fue incorporado recientemente al salón de la fama del tenis.

Pero ahí comenzaría un declive tan lento como silencioso. Andre Agassi reconocería años después que odiaba el tenis por la presión que existía sobre él y que había tenido que soportar desde niño y mantener una imagen de rebelde que, en el fondo, no era la realidad. Así decidió raparse para dar un giro, pero en el ’97 tocó fondo por sus problemas maritales con Brooke Shields y las lesiones, que lo alejaron del Top 100. Además cayó en las drogas con la metanfetamina, la cual fue detectada por la ATP pero lo exculparon por una historia de inocencia que luego reconocería fue mentira. Todo parecía derrumbarse…

Pero el propio Agassi decidió dar un vuelco a su vida y para la temporada 1998 abandonó cualquier mala práctica, se puso serio, y decidió jugar por su propio placer. Se preparó  bajo un exigente régimen y  esa temporada saltó del No. 110 del mundo al No. 6, reflejando que el Andre Agassi 2.0 venía listo para más títulos.

agassi-graff

Foto: AFP

Su matrimonio con Steffi Graff, otra leyenda del tenis, transformó a Agassi.

En 1999 ganó Roland Garros contra todos los pronósticos y completó el Grand Slam de carrera, y el Golden Slam de carrera al sumarle el oro de los Juegos Olímpicos en Atlanta ’96. Si a eso se le agrega que ganó Copa Davis con Estados Unidos en 1990, ‘92 y ‘95, el ‘Kid de Las Vegas’ definitivamente ya podía decir que lo ganó todo.

Su unión con Steffi Graff en ese momento no hizo más que alentarlo aún más, generando esta vez atención mediática positiva por la relación de dos leyendas. En abril de 2003 llegó por última vez al No. 1 del mundo con 33 años, siendo el tenista de más edad en hacerlo, y además logró terminar Top 3 en tres décadas distintas.

Era otro Andre Agassi, uno amable, respetuoso, tradicional y formal, que se reinventó para dejar atrás al chico malo que lo poseyó en su etapa joven de tenista, pero su talento inconmensurable nunca lo abandonó y por ello su nombre ya está grabado como uno de los más grandes que haya pisado una cancha de tenis.

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