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Carlos Moya: El prodigio que abrió puertas al tenis español

La Armada Española domina actualmente el circuito ATP, y uno de los precursores de este momento es Carlos Moya, quien mostró al mundo que los españoles podían imponerse en cualquier cancha y, sobre todo, que tenían armas para alcanzar la cima del ranking internacional.

La cantidad de nombres de jugadores españoles que actualmente interactúan en los torneos de tenis más importantes del mundo es enorme, así como los que disputan palmo a palmo los títulos y posiciones en la elite.

Carolas Moya

Foto: EFE

No faltaron las lágrimas cuando Moya comunicó su decisión de retirarse.

Pero toda esta generación dorada, conocida como la Armada Española, tuvo su explosión a mediados de los ’90, donde una serie de jugadores recuperaron la gloria de décadas pasadas; sin embargo, uno de ellos destacó por sobre el resto ya que abrió las puertas del tenis moderno a los españoles: Carlos Moya.

Nacido un 27 de agosto en 1976 en Palma de Mallorca, ‘Charly’ siguió la influencia de su padre desde los seis años, viendo que éste iba a jugar regularmente al Club de Tenis de esa localidad por lo que se interesó y así comenzó una escalada en juveniles que lo llevó a ser campeón europeo y debutar a joven edad en las grandes ligas.

De adolescente el diestro se trasladó a Barcelona para desarrollarse como jugador, siendo parte de la famosa escuela catalana de la cual salieron otros talentos de su época como Emilio Sánchez-Vicario, Alex Corretja y Sergi Bruguera. Sin embargo, a pesar de estar en una camada privilegiada, Moya siempre destacó por su talento natural, que escapaba al prototipo del español luchador, esforzado y maratónico.

Pero que no se entienda mal, Moya era un jugador que trabajaba bastante fuera de la cancha, pero su facilidad para jugar rápidamente hizo notar que no sólo podría destacarse en arcilla sino también en canchas rápidas. Además su carisma era notoria, por lo que había un diamante en bruto que pronto comenzaría a explotar.

Su gran despegue lo tuvo apenas dos años después de hacerse profesional en 1995 –ya tenía a esa altura dos títulos en Buenos Aires y Umag- cuando en 1997 llegó con apenas 20 años a la final del Abierto de Australia, derrotando en su camino al campeón vigente del torneo Boris Becker y perdiendo en la final contra otra leyenda, Pete Sampras. Moya fue el primer jugador de su país en llegar al partido de definición en Melbourne desde Andrés Gimeno en 1969.

París cae rendido

Así el centro de atención comenzó a cifrarse en este joven hispano, que a pesar de mostrar un tenis todoterreno, vería su momento de mayor gloria en 1998, en la arcilla de Roland Garros. Al torneo llegó tocando las puertas del Top 10 y se esperaba que diera el salto en París, y lo hizo de forma brillante, quedándose con la copa tras imponerse en la final a su compatriota Alex Corretja.

Siendo ya una leyenda, se enfocó en el siguiente objetivo, ser número uno del mundo. En 1998 alcanzó la final del Masters en Hannover donde cayó ante el propio Corretja, pero su regularidad le bastó para que en 1999, el 15 de marzo, tocara el cielo para ser el orgullo de su país: Carlos Moya era el primer español en ser No. 1 del mundo.

Luego de llegar a lo más alto, donde estuvo sólo dos semanas, comenzó una pequeña maldición para el mallorquín. Las lesiones empezaron a atacarlo y sufrió mucho por su espalda. De hecho, su siguiente título luego de Roland Garros llegó casi dos años después en Estoril, y lo que más le dolió fue perderse la final de Copa Davis 2000, cuando España ganó por primera vez la Ensaladera de Plata.

Carlos Moya

Foto: AFP

Una Copa Davis, un título en Roland Garros, son algunos de los trofeos que luce Moya en su carrera.

Su resucitar lo tuvo en 2002 donde ganó cuatro trofeos, incluyendo el Masters 1000 de Cincinnati, y esa temporada volvió a finalizar en el Top 10. Así vendrían años destacados en su segunda vida en el tenis, que lo llevó eventualmente a tener su revancha grande en 2004, cuando España llegó a una nueva final de Copa Davis, esta vez ante España, donde Moya estuvo junto a sus dos principales sucesores, Juan Carlos Ferrero y Rafael Nadal, para vencer a Estados Unidos en la final, con ‘Charly’ ganando sus dos singles para ser el héroe.

Fue la guinda de la torta para Carlos Moya. Luego de eso otra vez los problemas físicos fueron recurrentes y aunque ganó tres coronas más, nunca pudo estar de nuevo en la elite. Así llegó 2010 donde había decidido que sería su última temporada, pero una lesión en un pie no le permitió jugar mucho y tuvo que colgar la raqueta al frente de los micrófonos y no dentro de la cancha.

El español, con 34 años, se retiró del tenis con 20 títulos profesionales en 44 finales, y un récord de 575-319 en 15 años de carrera. Además terminó Top 10 en cinco temporadas, 1997, ’98, 2002, ’03 y ’04.

Sólo un jugador con estos números podía merecer una despedida como la que tuvo en el Masters de Londres, donde se le brindó una ceremonia especial de retiro con la presencia de los ocho mejores del mundo, incluyendo a su legado, Rafael Nadal, quien se vio muy emocionado al despedir al que fue su ídolo de juventud y que, según él mismo reconoce, le abrió las puertas al tenis español para que dominaran el planeta del tenis.

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