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El asombroso caso de Renée Richards, la tenista transexual que fue rechazada por sus pares

Renée Richards representa un caso singular: nacida como Richard Raskind, se realizó una operación para cambiar de sexo y fue discriminada por las demás tenistas.

Guía de: Tenis

Renée Richards, tenista y oftalmóloga, constituyó un asombroso caso que bien podría haber sido noticia de actualidad, pero sucedió de manera atípica en la década de los ’70. Nacido como Richard Raskind, tuvo en claro desde pequeño que su sexo indicado era el opuesto: cuando era un niño, le gustaba probarse ropa femenina.

Raskind nació en 1934, pero su caso tomó relevancia y causó revuelo más de treinta años después. Mientras llevó su nombre de nacimiento, su tenis pasó inadvertido, disputando torneos de aficionados sin demasiado resultado, al margen de capitanear el equipo de la universidad. Más allá del marcador, algo más profundo le impedía moverse con naturalidad y sentirse pleno.

Renée Richards

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Desilusionado, recurrió a la psiquiatría debido a la gran angustia que padecía, si bien el tratamiento, para la sensación de agobio y encierro que enfrentaba, se asemejó más a un paliativo menor que a la solución real para su problema. ¿Casarse y tener un hijo? Acontecimientos como estos, que cambiarían la vida de cualquier persona, no funcionaron en Raskind.

Esta feroz lucha interna le impidió concretar su sueño de cambiar de sexo cuando adolescente, y recién en 1975 y gracias a la cirugía de reasignación de sexo, sumada a las hormonas de crecimiento que recibió, logró su nueva identidad. Richard Raskind pasó a llamarse Renée Richards. Sin embargo, las dificultades continuarían y harían foco en el tenis.

El rechazo de periodistas y colegas

Un año más tarde se registró y ganó en un torneo femenino de California y su apariencia descolocó a la prensa, que no dudó en describirla como “un hombre disfrazado de mujer” por su altura (1.88 metros) y músculos marcados.

Fue invitada al US Open, aunque al descubrirse las particularidades físicas de Richards, la USTA (la federación de tenis de los Estados Unidos) pidió llamativamente la realización de un test de cromosomas, justificando este requisito al explicar que el COI (Comité Olímpico Internacional) realizaba las mismas pruebas en los Juegos Olímpicos.

Los colegas de Richards protestaron por su presencia al entender que contaba con ventajas físicas, las mismas descritas anteriormente. Sin embargo, ésta rechazó el test por sentirse ultrajada y llevó el caso a la Corte, que le dio la razón.

Como consecuencia, al menos por la vía legal, pudo jugar en la edición de 1977 del prestigioso torneo, donde llegó a la final de dobles y cayó en primera ronda de singles.

El retiro y la vuelta a la medicina

El verdadero Grand Slam de Richards fue haber llegado a la cirugía tan deseada para ser quien realmente quería ser. Pululó por el circuito -ganó un torneo- y fue entrenadora nada menos que de Martina Navratilova hasta 1982, cuando se retiró del tenis para enfocarse nuevamente en su otra profesión, la oftalmología, donde se desempeña al día de hoy.

No bajar los brazos para conseguir el objetivo. Ese parece ser el mensaje implícito de los padecimientos de Richards, quien finalmente salió airosa de los juicios de valor y los obstáculos que debió sortear. Hoy, en la estadounidense, todo es ganancia.

Así es como la sorprendente historia de esta tenista, según la propia protagonista, fue de utilidad no solo para el tenis, sino también fuera de él, al manifestar que “creo que hice lo correcto. Y que mi caso ayudó a otra gente marginada de la sociedad. Tuve una experiencia maravillosa como jugadora. El balance ha sido muy positivo”.

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