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La grave enfermedad que enfrentó Gabriela Sabatini: ¿Cómo se recuperó?

La extenista padeció talasemia, enfermedad que ataca a los glóbulos rojos de la sangre; además, sufrió para dar con el diagnóstico preciso.

Guía de: Tenis

Imposible olvidar los grandes duelos tenísticos que dieron Gabriela Sabatini con la alemana Steffi Graf en los ’90, incluyendo la final del US Open que le ganó justo en 1990. También, la mejor tenista latinoamericana de la historia, quien está a poco de cumplir 46 años, batalló con grandes campeonas como Mónica Seles y Martina Navratilova.

De “Gaby” se conocían temas relacionados al marketing como el lanzamiento de una línea de perfumes con su nombre. Pero un aspecto del cual no se supo demasiado y la propia extenista reveló poco tiempo atrás, fue que durante toda su carrera tuvo que lidiar con la talasemia, enfermedad hereditaria que disminuye la producción de hemoglobina, destruyendo los glóbulos rojos de la sangre.

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Además, a este déficit suele llamárselo “anemia del Mediterráneo”, porque atacó en mayor medida a los habitantes del sur de Europa y “viajó” hasta Sudamérica con los inmigrantes.

La propia Sabatini reconoció meses atrás, en una entrevista con el sitio Canchallena, lo mucho que le costó recuperarse: “Vi a varios médicos y al final di con uno en Alemania, con el que empecé a hacer un tratamiento, y con el que poco a poco fui mejorando”. La dificultad en el diagnóstico radica en que es precisamente complejo dar con el tipo de talasemia correcto.

Existen opiniones respecto al tipo de talasemia que sufrió Sabatini -el menor- con el cual se puede convivir, y se lo relaciona más con una “condición hereditaria” que con una enfermedad. Especialistas en el tema afirman que “está presente desde el nacimiento, permanece igual durante toda la vida y puede transmitirse de padres a hijos por muchas generaciones”.

Sin embargo, la argentina reconoció que retirarse de la actividad profesional la liberó de cuerpo y mente, pese a que el alejamiento se dio temprano, a los 26 años. Jugar y sostenerse con este trastorno resultó por demás cansador: “Estaba agotada, necesitaba alejarme del tenis. Ya no era feliz”. 

Incluso, durante “cuatro o cinco años”, como reconoció Sabatini, siquiera empuñó una raqueta: solo volvió a hacerlo el año pasado en el Madison Square Garden de Nueva York, para reeditar la final del Masters de 1990, donde cayó contra Mónica Seles.

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