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Roger Federer: Los olvidados e iracundos inicios del gran tenista suizo

Paul Dorochenko, expreparador físico del suizo, supo contar el alocado carácter que mostraba cuando tenía 17 años, la mitad de su edad actual.

Guía de: Tenis

Para gozar, primero es necesario sufrir. La fama, el prestigio y ser considerado uno de los mejores de la historia, en cualquier oficio, no llegan solos y en la mayoría de los casos no llegan nunca. Es preciso, incluso, emprender una carrera sin una ambición tan desmedida.

Roger Federer es en la actualidad un gran campeón, aplaudido por millones de espectadores que lo siguen tanto en los courts como por televisión. Hoy es fácil predecir y estimar que el suizo ganará partidos, torneos y grand slams.

Sin embargo, y allí está el secreto, nadie podía asegurar su éxito 17 años atrás, principalmente por cómo eran sus características, especialmente hablando de su personalidad.

Su primer preparador físico, el prestigioso fisioterapeuta francés Paul Dorochenko, enseñó cómo era colaborar con Federer cuando las mieles del éxito se encontraban a años luz y cuando las actitudes del suizo eran diametralmente opuestas a las que en la actualidad lo sostienen como un caballero.

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“Era un loco total”. Tan contundentes como sorpresivas, las declaraciones de Dorochenko invitan a indagar más sobre el “otro” Federer. “No había forma de que no tirara la raqueta contra el suelo cuando no le salían las cosas. Su ojo dominante es el izquierdo y por ello pecaba de poca concentración, algo que ha ido corrigiendo a lo largo de los años, y en sus inicios con un psicólogo deportivo”.

El campeón que disfrutan los aficionados del tenis es posible gracias a que, a su vez, el propio protagonista reconoció sus falencias y, como dijo el galo, supo corregir. Al respecto, el helvético confesaría que “no sabía cómo manejar las cosas”.

Existe un momento puntual en su carrera que Roger recuerda con exactitud: “Fue en Roma, en 2001. Jugaba con (el ruso) Marat Safin y nos portábamos uno peor que el otro. Tras el segundo set, en la pantalla grande del estadio, mostraron cómo se enfurecía él y cómo me enfurecía yo… mientras lo veía me sentía profundamente avergonzado. Y me dije: “Esto realmente no puede seguir así”.

Por otro lado, tras caer en la final del US Open en la categoría juniors en 1998 frente al argentino David Nalbandian, pareció conformarse. Después de un tiempo, se preguntó “¿cómo es posible que estés contento con una derrota?” ¡”Vamos a trabajar!”

Su esposa y su primer Grand Slam, claves para el cambio

El apuntalamiento real llegó en Sydney 2000. Allí conoció a la actual madre de sus hijos, la extenista Mirka Vavrinec. “Nuestra relación se hizo rápidamente algo serio. Gracias a ella crecí más rápido. Ella es mayor que yo y las mujeres igualmente maduran antes que nosotros”.

Sus hijos, dos pares de gemelos, son quienes hoy colaboran con el número 2 del mundo. Cuando papá Roger no está en sus mejores días, funcionan como calmantes para su mundo interior.

Otro de los puntos de inflexión fue su primer Grand Slam, el Abierto de Australia de 2004. Desde allí, el suizo se preguntó si podría repetir aquel primer paso hacia el éxito.

Los 17 torneos grandes en su haber confirman que tomó el camino correcto. Y a propósito, decía: “Siempre supe que tenía talento, pero no tenía idea de que podía lograr todo esto”.

 

 

 

 

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