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Tenis femenino: El negocio de la belleza

Hace algunos años el circuito femenino WTA ha tomado un brusco giro para sacarle un provecho comercial a la belleza de sus tenistas, en un intento por disminuir la brecha existente con el circuito masculino por las diferencias en el juego mismo.
Tenis femenino

Foto: El Mercurio

Anna Kournikova fue la tenista más popular del circuito siendo que nunca ganó un torneo en singles. Finalmente se dedicó al modelaje.

Inolvidable sigue siendo la última época dorada del tenis femenino, dominado por leyendas como Steffi Graff, Martina Navratilova, Gabriel Sabatini o Arantxa Sánchez Vicario. Los alrededor de 15 años que han pasado desde ese período parecen una eternidad ante el nuevo giro que ha tomado la WTA.

Es que para el tenis femenino ha sido una constante lucha la de intentar equipararse en interés con el circuito masculino, que por el nivel de juego arrastra por sí solo una gran cantidad de atención que para las damas siempre es secundario, más en la actual época donde domina la televisión por lo que las diferencias de ambas competencias son más notorias.

¿Cómo se puede combatir el hecho de que los hombres por naturaleza sean más fuertes y potentes que las mujeres por lo que el ritmo de juego siempre será mayor? La respuesta pareció llegar a mediados de los ’90: Sacarle provecho a la belleza de las tenistas.

La innovadora fue Anna Kournikova, quien deslumbró por su belleza que siempre superó su talento, a tal nivel que en su época era la jugadora más popular del circuito sin haber ganado ningún título profesional. De hecho los beneficios fuera de la cancha eran tan grandes que terminó por dedicarse al modelaje.

Así comenzó a salir esta nueva camada de tenistas donde la WTA se preocupa de explotar al máximo sus imágenes, sin importar el nivel real de la competencia, sabiendo que si se quiere espectáculo, se sintoniza el tenis masculino, pero si se quiere glamour estético el tenis femenino no tiene igual.

Tenis femenino

Foto: El Mercurio

La serbia Ana Ivanovic es una de las nuevas tenistas que juegan bien y saben sacarle provecho a su imagen.

Maria Sharapova, Ana Ivanovic y Caroline Wozniacki son los ejemplos más claros de jugadoras que llegaron al No. 1, pero también fueron centro de atención en portadas de revistas, desfiles de moda y sesiones de fotos alrededor de todo el mundo.

Los resultados están a la vista para el circuito: Los ingresos por televisión han subido por lo menos un 30 por ciento, los dineros por publicidad en más de un 500 por ciento y por lo mismo se han tomado medidas tan extremas como programar a tenistas atractivas en canchas centrales –incluyendo Wimbledon- por sobre algunas de las principales sembradas.

La última gran iniciativa en este sentido es el reality que comenzará en marzo, donde seis jugadoras jóvenes, que buscan entrar al profesionalismo, grabarán a través de sus celulares sus vivencias en el circuito y las subirán a Youtube para mostrar al mundo cómo se vive desde dentro, lo cual se espera que atraiga millones de interesados.

La comparación entre el tenis femenino y masculino siempre estará, pero la visión más certera es que en cierto sentido son dos deportes distintos, con ritmos, formas físicas y estrategias totalmente diferentes y cada uno le saca su provecho de acuerdo a sus potencialidades, y el poder de las mujeres ya logró igualar los premios en los cuatro Grand Slams y buscan seguir escalando gracias a la belleza y glamour.

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