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50 años de Sábado Gigante, un show muy lejos de ser chileno

Este año se cumplen las bodas de oro de Sábado Gigante, lo cierto es que estas son demasiado ajenas para un país que vio en este programa una muestra de su cultura local por años.

Les voy a confesar que me tienen llena con los 50 años de Sábado Gigante.

El programa que en los 80s llegó a ser un motivo de reunión familiar los fines de semana, y que cuando se fue a Miami llenó de orgullo a todo Chile, hoy no es más que un recuerdo, una analogía de la aspiracionalidad local que una vez que logra la cima se olvida de los amigos de la pobreza.

No es que tenga algo contra Don Francisco, de hecho su figura llena de polémicas me sigue generando cierto orgullo, pero siento que su producto ya no nos representa en lo más mínimo.

Recuerdos como “Los Eguiguren”, el “Dispara Usted o Dispara yo” o “Las Solteras sin Compromiso” no son más que postales prostituidas por la globalización.

Donde hubo una entrañable “Cuatro Dientes” hoy tenemos a una achabacanada “Cuatro” que dejó los dientes faltantes en el camarín para no ofender a un auspiciador de pasta de dientes, donde hubo una “Cámara Extranjera” hoy tenemos una “Cámara Viajera”.

Nuestras modelos, chiquitas, rellenitas, pero nuestras, fueron reemplazadas por biotipos de Barbie y “El Chacal de la Trompeta” pasó a ser un mal chiste que ya no nos hace reír.

Si hasta nos robaron las eses finales de nuestro programa y la inocencia del clan infantil.

Añoro esa época donde Don Franci regalaba autos en cada concurso y si se perdía nos consolaba con una lavadora en vez de una canción burlona.

Añoro esa época del Bailango, el Tropilé, y el Pachi Pachi.

Añoro la época de Pepe Yeruba y Guayo Riveros, La Desideria, La Tía Tute, La Tomboleta y el Coro Millonario.

Lo cierto es que algo pasó con nuestro Sábados Gigantes. En algún minuto evolucionó olvidando a todos los que lo vimos crecer, y hoy que está grande batiendo récord Guiness y celebrando en grande, se niega a mirar a sus orígenes, haciendo de este logro algo inmensamente ajeno para todo una sociedad.

Esta fiesta es demasiado extraña. Tan ajena como leer a la Gabriela Mistral en arameo.

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