Cristián Arriagada escribe conmovedora carta dedicada a su esposa Javiera Suárez fallecida hace a 5 años

El cirujano plástico abrió sus sentimientos, destacando que su objetivo es que “pueda resonar en alguien y acompañarlo en la experiencia de pérdida o muerte de un ser querido”.

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Dicen que el tiempo es un gran aliado para saber sobrellevar el dolor tras la muerte de un ser querido, pero el duelo permanece.

Recientemente, se conoció una emotiva carta que Cristián Arriagada (44), le dedicó a su esposa Javiera Suárez, quien falleció a los 37 años por un cáncer generalizado y que conmovió al país por su valiente lucha por ser madre.

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Cinco años después, su viudo comparte en su cuenta de Instagram este documento que publicó en la Revista Velvet. El cirujano plástico abrió sus sentimientos, destacando que su objetivo es que “pueda resonar en alguien y acompañarlo en la experiencia de pérdida o muerte de un ser querido”.

“Conviviendo con el duelo, entre el dolor y la gratitud”, es el enfoque de la carta. Arriagada escribe: “Cinco años de la muerte de Javiera se cumplieron en junio, y demás está decir que no es mi época preferida del año. Hace unos días me llamó un amigo cercano para saber cómo estaba, si ya lo había ‘superado’ un poco dado el tiempo que había pasado”.

El médico prosigue: “La verdad no supe muy bien qué responderle. Lo más honesto habría sido decirle que no, que cada año que pasa ingenuamente espero que sea un poco más fácil que el anterior. Pero no lo es. Siento que el mundo anda demasiado apurado y pareciera que no hay tiempo ni paciencia para lidiar con más emociones”.

El viudo de la periodista reconoce: “Cuando llega junio con sus días fríos y grises, sin darme cuenta va apareciendo un sentimiento de vacío y tristeza. Es algo incontrolable y difícil de expresar. La sensación de soledad crece y en buena medida se alimenta por mi incapacidad de compartirlo. ¡Cuánta falta me ha hecho una mayor educación emocional!”.

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Su estremecedora reflexión sigue: “Conviven y luchan en mi interior el dolor y la gratitud, como si fuera incompatible que pudieran ocupar un mismo espacio. Dolor por la pérdida, por lo incomprensible de la muerte, por la incertidumbre de que habrá después. Pero, sobre todo: duele porque duele. Y no hay manera de explicarlo o describirlo. Gratitud por Pedro, nuestro hijo, por la infinidad de recuerdos y momentos vividos, por el regalo de tener más tiempo para vivir y amar, por lo mucho más que se aprecia cada momento habiendo experimentado tan de cerca la muerte”.

Ya en los párrafos finales, Arriagada destaca que “solo queda comprender que el duelo no es un proceso para olvidar o superar la pérdida, sino más bien una experiencia que nos enseña a vivir con ella. Parte de sanar se trata de ser real y vivir con lo que se siente. Aceptarlo y tratar de compartirlo para que no se transforme en una carga imposible de llevar… Tarde o temprano todos vamos a lidiar con la pérdida; más vale que aprendamos a convivir con ella”.

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