Monjes de Brasil: Javiera Suárez aclara cuál fue el vínculo con ellos en su lucha contra el cáncer

La comunicadora envío una carta gratis a los monjes para probar. Esta es su historia.

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Desde mayo de 2016 que Javiera Suárez vive una férrea lucha contra el cáncer. Tras ser diagnosticada de un melanoma con ramificaciones en una mama, huesos, hígado y pulmón, la periodista ha buscado incansablemente diversos tratamientos y caminos de sanación como la religión, el apoyo de su familia, la medicina tradicional y alternativa, y la quimioterapia.

Recientemente, Las Últimas Noticias informó del encuentro de la rubia con los monjes Tupyara, conocidos como los monjes de Brasil. La comunicadora envió una carta gratis para probar y, además, reconoció que se encuentra mucho mejor que hace un año. “Ya no tengo el melanoma en los huesos, tampoco en el hígado. En la pechuga y el pulmón siguen apareciendo estas porquerías según el último examen que me hice hace unas tres semanas”, dijo.

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Sin embargo, Suárez fue categórica al señalar que su mejoría no tiene relación a la operación a distancia a la que se sometió con los monjes. “En ningún caso me he sanado gracias a ellos. Si me hubiese sanado gracias a ellos hace rato que no estaría en tratamiento. Si fuera tan fácil, nadie se moriría de cáncer. Sé que todo esto viene de la preocupación de la gente, pero me da susto que, por ejemplo, un paciente con cáncer vea esto como un frenesí y una salvación. Yo no me he salvado 100 por ciento. Y además, no se lo atribuí a los monjes”, aclaró y agregó: “Creo firmemente que me voy a sanar, me he movido para hacerlo”.

En abril de este año, la periodista relató en su página web liveat.cl detalles de cómo fue su experiencia, paso a paso con los monjes brasileños. “Uno de mis mejores amigos, me mandó el link de los monjes brasileros. Yo le había escuchado hablar a Salfate de ellos en mi época del Así Somos. Se decía que a la distancia tenían el poder de sanarte de cualquier enfermedad. Así que sin pensarlo dos veces, me metí al link y seguí las instrucciones. Fue lo primero “alternativo” que hice”, confiesa.

“Le dije a mi papá que me llevara al correo que está en los Cobres de Vitacura. Ahí mismo pedí una hoja y escribí a mano mi nombre, edad, diagnóstico, domicilio y mini resumen de mi situación –poniéndole énfasis a mis 7 semanas de embarazo, para asegurarme que no hubiese alguna contraindicación. Luego, metí la carta en un sobre grande junto a un sobre más pequeño con la dirección donde quieres que te llegue la respuesta y dos estampillas llamadas “cupones de responso” que venden ahí mismo”, agregó.

“Después sólo queda esperar entre uno a dos meses para que te respondan. Envié la carta el 19 de mayo y la respuesta llegó a mi casa el 14 de julio. En el mismo sobre que había enviado tiempo atrás, venían las indicaciones de cómo sería el procedimiento. La cirugía se realizaría el lunes 18 de julio a las 23:00 horas”, escribió.

Seguí las instrucciones al pie de la letra. Y luego de haber rezado y tomar el agua del vaso, a las 23:00 horas figuraba acostada sobre mi cama tapada con una sábana blanca. La verdad es que no sentí nada e incluso me quedé dormida durante la media hora que esperé, hasta que mi marido me despertó a las 23:30. Lo curioso es lo que soñé esa noche. En el baño público, yo misma me hacía una especie de incisión cuadrada sobre el estómago y me sacaba la piel de encima para cambiarla por otra. No me dolía, sólo me asustaba la idea de estar yo misma operándome sin ninguna precaución ni cuidado. Recuerdo que pensaba en mi marido y que si me veía haciendo esto sola en un baño público probablemente se enojaría, ya que él es médico. Aunque de todas formas seguí con la especie de cirugía”, relató.

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