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Carne y deforestación de la Amazonía

La cría intensiva de ganado es la principal causa de la devastación en la selva tropical. Ahí donde antes habían cientos de árboles, ahora hay campos de cultivos de soya, el alimento de vacas, cerdos y aves.

El corazón de la soya en el mundo es Mato Grosso, un estado brasileño ubicado al centro oeste de esa región. Ahí se cultiva el 90% de la soya de la selva tropical que va a parar directamente al estómago de millones de animales como forraje. Así, año tras año cerdos, vacas y aves engordan de forma rápida, por la misma razón por la que la soya es tan cotizada por los vegetarianos: su calidad proteínica.

Luego del surgimiento del mal de las “vacas locas” la situación fue peor. Se comenzó a prohibir alimentar a los ganados con harina animal y se tuvo que buscar un sustituto proteico vegetal. Entonces apareció la soya. La selva de Brasil era uno de los pocos lugares donde aún se podía expandir la agricultura y eso fue lo que pasó. Ya para agosto de 2003 se reveló que la devastación de la selva era tan grande que equivalía al tamaño de Nueva Jersey. Al año siguiente ocurrió lo mismo. Hoy más de 10 millones de hectáreas han sido destruidas, un área semejante a la superficie de Islandia.

Carne de Soya

Foto: EFE

La desforestación en lugares como el Amazona está catapultando a la industria de la carne de Soya en Brasil.

¿Es necesario todo eso? En 2006, Greenpeace publicó un informe donde decía que el 80% de la producción de soya de todo el mundo se dedicaba a la elaboración de piensos para la industria ganadera. Alimento que podría consumir el hombre directamente, sin necesidad de pasar por la carne si se piensa que para obtener sólo un kilogramo de proteína de origen animal se deben usar entre 3 y 20 kilogramos de proteína de origen vegetal, dependiendo de la especie. Dato que se vuelve peor cuando se toma en cuenta el cálculo hecho por el “Consejo para la Alimentación Mundial” de Naciones Unidas: si se dedicara entre el 10% y el 15% del grano que se destina en la alimentación de animales para satisfacer las necesidades calóricas de la quinta parte de la población que sufre de hambre, se erradicaría ese problema para siempre.

La FAO también ha sacado cuentas al respecto. Según sus estudios, el 30% de la superficie terrestre del planeta son pastizales y un 33% del espacio total cultivable se ocupa para producir forraje. El problema es que un 20% de los terrenos se ven degradados a causa del sobrepastoreo de los rebaños y su consecuente erosión. A eso hay que sumarle el problema del agua: la producción industrial ganadera contamina con sus desechos directamente a las napas subterráneas y a las aguas superficiales como los ríos, e indirectamente con los antibióticos y las hormonas utilizados para el crecimiento de los animales, así como también con los fertilizantes y pesticidas con que se fumigan los cultivos.

La fabricación de forraje, además, obliga a desviar grandes cantidades de agua que podría ser utilizada en abastecer zonas con dificultades de agua potable.

Según los cálculos que ha sacado el Departamento de Ciencias Animales de la Universidad de California, si para producir un kilogramo de trigo se requieren 120 litros de agua, para producir un kilogramo de carne, se requieren en total, al menos, 3.700 litros. Sin duda, un gasto enorme.

La Unión de Científicos Preocupados (UCS) de Estados Unidos, concluyó hace algunos años que si se disminuyera a la mitad el consumo promedio de carne en cada familia norteamericana, el uso de tierra dedicada a la alimentación de animales bajaría en un 30% y el agua se descontaminaría en alrededor de un 24%.

Mientras tanto Brasil se ha ganado el título de cuarto país emisor de gases de efecto invernadero. Más de la mitad de esas emanaciones son por causa de la deforestación. Y entre más árboles se talan, más cambia el sistema climático creado por la propia selva. El bosque se vuelve más seco, hay menos lluvias y los incendios se expanden más rápido, difíciles de contener. El clima a nivel mundial continúa cambiando.

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