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El mito de la leche: ¿Es realmente bueno tomarla?

Pese a que la leche animal y sus derivados han sido alabados por años por sus propiedades nutritivas, hoy son muchos los que cuestionan esa aseveración.

Que somos el único animal que continúa tomando leche después de la lactancia y, más aún, de otro animal. Que la leche de vaca es un excelente alimento, pero sólo para los terneros: es muy diferente en proteínas y grasas a la leche humana. Que produce asma y que aumenta el peligro de desarrollar un cáncer de ovarios. Que, contrario a lo que se ha aconsejado por décadas, tomar leche puede elevar el riesgo de padecer osteoporosis. Y que mucha gente es intolerante a la lactosa sin saberlo.

Muchas cosas se dicen de la leche y muchos vegetarianos continúan tomándola por considerarla nutritiva. Lo cierto es que las dudas de si es realmente beneficiosa de un tiempo hasta ahora se han multiplicado: hay médicos que la condenan a cómo dé lugar, mientras otros la defienden.  Sea como sea, aún no hay consenso sobre el tema, por eso mejor saber lo que se dice. Vamos viendo.

Leche

Foto: El Mercurio

La leche de vaca es diferente a la humana.

1. Parece obvio, pero muchos lo pasan por alto: la leche humana es diferente a la leche de vaca. Los bebés humanos duplican su peso en aproximadamente 200 días, mientras que los terneros lo hacen sólo en 47 y desarrollan cuatro estómagos. La leche de vaca es apta para las necesidades nutricionales de los terneros y la de los humanos para las guaguas. Simple. ¿Con qué derecho nos tomamos la leche de los terneros, entonces? ¿Cuál es la razón por la que el único mamífero que sigue tomando leche en la etapa adulta somos nosotros? Claro, las vacas viven 20 años y nosotros hasta cuatro veces más que eso: necesitamos más vitaminas, calcio y muchos otros nutrientes. ¿Pero es razón suficiente?

Hay algo más: la leche naturalmente es mamada, porque se debe consumir de forma inmediata a medida que se produce. Afuera de ese ambiente se daña. Por eso, para conservarla, se pasteuriza (se calienta a más de 72º C). Así se eliminan todos los microorganismos nocivos, aunque con ese procedimiento se destruyen también nutrientes necesarios para la digestión de sus proteínas.

2. La leche de vaca tiene un carácter antigénico. Da lugar a reacciones de defensa en nuestro cuerpo, especialmente a la creación de anticuerpos que terminan por agotar el sistema inmunológico. Ocurre que la leche de vaca neutraliza la acidez estomacal, por lo que entorpece la digestión de las proteínas que sólo pasan parcialmente asimiladas al intestino. Eso entorpece su función:  impide la absorción de otros nutrientes, contribuye a la fatiga crónica y a alteraciones intestinales.

 

Tanto la caseína como la gammaglobulina bovina, dos proteínas de la leche de vaca, son altamente inmunogénicas. En particular la caseína, que representa el 84% de las proteínas lácteas, está relacionada con varios tipos de alergias.

Incluso algunos niños con autismo han respondido favorablemente a una dieta libre de caseína y gluten. Se ha encontrado que muchos niños con esta condición tienen algún tipo de daño en la permeabilidad del intestino o deficiencia de enzimas necesarias para la adecuada digestión de los alimentos. Como explican en un blog sobre autismo: “En la digestión de un individuo con autismo, el gluten, proteína del trigo, y la caseína, proteína de la leche, no llegan al final de su correcta transformación sino que se convierten en aminoácidos tóxicos para el organismo, denominados gluteomorfina y caseomorfina, respectivamente (su efecto sobre el organismo es parecido al de la morfina)”.

3. Se ha relacionado la leche de vaca con el padecimiento de asma. Se ha descubierto que puede estimular la producción excesiva de moco en las vías respiratorias y que la alergia a la leche es causa de asma. Según la Academia Estadounidense de Alergia, Asma e Inmunología (AAAAI), las proteínas de ésta son la causa principal de alergias en niños causando síntomas de mucosidad nasal, dolores en los oídos, fatiga muscular y dolores de cabeza.

Nelba Villagrán, nutricionista de la Universidad de Chile y Presidenta del Colegio de Nutricionistas, hace años dejó de sufrir una molesta asma primaveral cuando decidió dejar de tomar leche y todo producto derivado de ella. Al respecto, ella explica: “La proteína láctea es muy grande, es una fracción de la caseína –una globulina- que queda digerida a la mitad como un péptido, y produce alergias, asma bronquial y mucosidades a las vías respiratorias. Muchos de los problemas de ese tipo que sufren las personas son generados por los productos lácteos. A partir de los dos años de edad, debería eliminarse su consumo, y reemplazarse con almendras, semillas de sésamo, etcétera, que tienen más de 1.160 mg. de calcio versus los 119 mg. de la leche”.

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