De San Francisco a Los Angeles en un Camaro 2011

La Highway 1, la carretera que recorre California por la costa, tiene paisajes inolvidables. Pero ¡cuidado!, mejor repetar la velocidad permitida para que no le suceda lo que relato en este artículo.

Hoy es el día en que debo comparecer ante el Juzgado de Santa María, California. Mi presencia es obligatoria y enfrento una multa de hasta USD 2.000.-. Estoy en Chile y me encuentro prófugo.

Todo empezó con que el tipo de Hertz me ofreciera un Chevrolet Camaro 2011 por una semana por un poco más de lo que costaría el auto que tenía reservado. Un caballero en la fila me dice “te vas a sentir como si tuvieras 18”.  Y ahí empezó la crónica de una muerte anunciada.

Luego de estar atascado en interminables tacos en San Francisco (maravillosa ciudad que es mejor recorrerla en transporte público) por fin salgo a la carretera. Mi plan es recorrer la costa hacia el sur, hasta Los Ángeles, en dos días.

Camaro

Foto: Jorge Barberá

La experiencia de conducir un Camaro no tiene precio.

Mi travesía será por la Highway 1, la carretera que recorre California por la costa, y dónde iré descubriendo parajes típicamente chilenos: los mismos árboles, matorrales, flores, rocas y huiros. Imagínense una carretera costera de lujo entre Concepción y Valparaíso para hacerse una idea. Esto pasa porque Chile Central y California comparten la misma Latitud, sólo que en hemisferios opuestos. Es una sensación única que hace que todo se sienta tan familiar y distinto a la vez.

El recorrido me lleva al comienzo por suaves lomajes que luego se convierten en enormes montañas y acantilados, en el sector de Big Sur, donde casi no hay rastros de civilización. A medida que la altura aumenta, logro salir de la neblina (típicamente californiana) y sentir el sol de verano y, con mejor visibilidad, dejo en libertad los 312 caballitos que quieren galopar briosos por esas curvas perfectas. Parada obligada a almorzar en Cannery Row en Monterrey, ciudad que me sorprendió por su serena belleza. Sigo por la 17 Mile Drive en el prestigioso club de golf de Pebble Beach.

Luego de pasar la noche en el Post Ranch Inn, donde las estrellas de Hollywood van a esconderse de los paparazzi (y según me cuentan, varias llegan con alguien distinto cada vez), noto que me queda mucho por recorrer y apuro el ritmo. Pasados Morro Bay (tranquila bahía donde almuerzo un cioppino al lado de yates y pesqueros) y San Luis Obispo (ondera ciudad universitaria) decido tomar la autopista 101 para ir más rápido. Es ahí donde se sintió natural llegar a la velocidad digna de un circuito de carreras a la que iba cuando vi las luces de colores detrás de mí.

“¡Ibas tan rápido que mi compañero atrás no pudo alcanzarte y me llamó a mí!”, me dice el oficial. Toma mis datos y me pasa el parte que dice que iba a más de 100 mph (160 km/h).

No supe hasta después que las multas más caras de EE.UU. son en California, que el estado necesita dinero y por eso deben pasar un 30% más de partes el 2011, y que manejar sobre 100 mph es gravísimo. Contraté abogados allá, mandé una carta al Juez y aún no sé qué me depara el futuro…pero me sentí como si tuviera 18, y esa sensación no me la quita nadie.

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