La belleza escondida del Valle de Antón

A sólo dos horas de Ciudad de Panamá se encuentra un pequeño pueblo que hasta hace algunos años estaba alejado de los circuitos turísticos del país centroamericano.

A sólo dos horas de Ciudad de Panamá se encuentra un pequeño pueblo que hasta hace algunos años estaba alejado de los circuitos turísticos del país, pero que ahora está siendo una parada obligada para aquellos que gustan de caminar y hacer recorridos por la naturaleza.

El pueblo es el lugar de descanso de las familias ricas de Ciudad de Panamá para los fines de semana, por lo que en el sector céntrico normalmente uno se encuentra con mansiones de enormes y hermosos patios con piletas y jardines floridos, desocupadas durante la semana. No toma más de una hora recorrer esta zona de El Valle, como se le llama normalmente, y el paseo es la delicia de cualquiera que guste del paisajismo y las flores, cuya cantidad y combinación sorprenderán a cualquiera.

El Valle solía ser un lago en un volcán extinto, pero la erosión abrió la salida al agua, por lo que la cuenca se vació dejando un valle rodeado de cerros. El más característico de estos es La India Dormida, llamado así por su distintiva figura, la que es imposible ignorar.

El Valle de Antón

Foto: Rodolfo Schmauk

El Valle de Antón es uno de los lugares de descanso preferidos de los habitantes de Ciudad de Panamá.

Hay diferentes opciones para los que quieran hacer treking, todas de baja dificultad y que en tiempo van de los 30 minutos a 3 horas. Todos los senderos están bien señalizados en el pueblo, por lo que uno puede hacer cada recorrido por sí solo, sin ninguna necesidad de guías o toures.

Para los que quieran algo tranquilo, liviano y corto, pueden visitar los saltos de agua en el Chorro Macho y el Chorro las Mozas, a 30 minutos del centro de la ciudad, en un camino pavimentado casi hasta los mismos saltos. El más característico es el primero, un salto de 35 metros de altura, ahora una reserva ecológica donde además hacen canopy, tours guiados por el bosque y ofrecen la posibilidad de bañarse en pozas naturales por unos dólares más a los interesados.

Un poco más largo e intenso es subir La India Dormida, tomando cerca de 3 horas. Bien señalizado desde el centro, se sube por un espeso bosque lluvioso, pero con un marcado sendero para la ruta. En el camino uno encuentra La Piedra Pintada, una roca con petroglifos, y varias caídas de agua de menor tamaño que El Macho. Saliendo del bosque uno llega a la cumbre del cerro, la nariz de La India, y queda en evidencia el origen volcánico del valle en las rocas desnudas de la parte alta de la loma. El descenso es más rápido, ya que es casi al descubierto.

Caída de agua en El Valle

Foto: Rodolfo Schmauk

Maravillas como la cascada de la foto se pueden ver en El Valle.

Otra opción, o una buena manera de terminar un día de treking, son los baños termales, también a distancia de caminata del centro del pueblo. Pequeños y no de alta temperatura, sirven para relajar los músculos luego de un día arduo, o quizás simplemente para capear la lluvia, de no haber buen tiempo.

Si prefieren panoramas más tranquilos, El Valle tiene un pequeño museo al lado de la iglesia, un jardín de orquídeas (un poco alejado del centro de la ciudad) y un pequeño zoológico llamado El Nispero, donde se pueden encontrar las endémicas ranas doradas, actualmente en peligro de extensión. También pueden visitar el mercado de frutas y verduras, y de artesanías, especialmente activo los días domingo.

Actualmente el único problema a la hora de visitar El Valle es la poca infraestructura para recibir a los turistas. Por ahora solo hay unos pocos hoteles y algunos hostales difíciles de encontrar, pero preguntando se puede llegar a ellos, como La Casa de Juan. Los hoteles son algo caros para mochileros o gente que anda viajando con presupuesto limitado, y tampoco hay mucha variedad en restaurantes. Menos son los que ofrecen WiFi. Sin embargo, parece ser que esto cambiará pronto, pues hay proyectos de abrir hostales, y nuevos restaurantes están apareciendo en manos de jóvenes emprendedores que se han enamorado del encanto de El Valle de Antón.

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