Noche en el Harlem Apollo, el verdadero “American Idol”

Mientras la televisión chilena se llena de programas de búsqueda de talentos musicales, en el mítico teatro de Nueva York casi todos los miércoles jóvenes artistas se juegan su futuro frente a una exigente audiencia.

La entrada del teatro Apollo de Nueva York deja en claro que se está pisando “tierra santa”. En su piso grandes estrellas revelan los nombres de los artistas que han estado en su escenario. James Brown,  Michael Jackson y Aretha Franklin son algunos de los que han comenzaron su leyenda en este pequeño recinto de Harlem, el famoso barrio afroamericano de la Gran Manzana. No obstante, no sólo aclamados músicos y cantantes tocan, ya que casi todos los miércoles el Apollo realiza su noche amateur, donde músicos y bailarines hacen sus primeras armas frente a una dura y demandante audiencia.

Foto: Agencia EFE

El teatro Apollo se ubica en el medio de Harlem

El show del Apollo tiene la misma calidad que un espectáculo de Broadway. Aquí no hay demasiado espacio para aspirantes a artistas mediocres. Los que se suben al escenario son gente segura de sus talentos y la organización del teatro se preocupa de que los espectadores reciban la calidad que esperan a cambio de los 30 dólares que sale la entrada.

La velada para aficionados comenzó en 1934, como forma de encontrar a los nuevos talentos del sector que se ubica unas cuadras pasado el Central Park, en el sector norte de Manhattan. Una de los primeros descubrimientos fue una joven Ella Fitzgerald, que a la edad de 15 años ganó una de las noches amateurs tras optar por cantar en vez de realizar un acto de danza como tenía previamente planeado.

Ubicado en la calle 125, entre la Séptima y Octava Avenida de Nueva York, el Harlem Apollo se ubica en un barrio compuesto mayoritariamente por locales comerciales que venden artículos a bajos precios y restaurantes de comida rápida, que no tienen nada que ver con el Manhattan de Times Square o el Soho. Sin embargo, el interior del teatro muestra la grandeza de sus inicios en 1914. Enormes lagrimales iluminan el hall de entrada que se encuentra revestido por inmensos espejos. El interior de la sala de espectáculos da la bienvenida con una barra de tragos y cómodas butacas. El recinto no es muy grande —tiene una capacidad para unas 600 personas sentadas—, por lo que la noche amateur suele estar copado al máximo.

Tras 78 años de vida prácticamente interrumpida —el teatro fue convertido en un cine entre 1975 y 1983— el recinto sigue albergando esta competencia de aficionados donde el espectáculo no sólo lo dan los artistas, sino que el mismo público participa de forma activa y casi alocada, animando o abucheando a quienes se atreven a subirse al escenario.

El show ha creado todos los componentes que actualmente se ven en distintos  programas de televisión: un comediante que hace de animador, un jurado experto y el “exterminador”, que es una especie de “Chacal de la trompeta” encargado de echar a los artistas vapuleados por el público. Aquí hay espacio para la risa, pero lo que prima es la calidad de los concursantes.

La competencia se divide en temporadas. Cada miércoles se van realizando distintas etapas y es la audiencia quien determina quien pasa a la siguiente ronda.

La noche comienza con el concurso de talento infantil, con niños que van desde un imitador de Michael Jackson de sólo tres años, pasando por agrupaciones escolares de baile hip-hop, hasta extraordinarias niñas que cantan viejas canciones de gospel.  En general el público se muestra dócil con estos artistas. Los aplausos y gritos de apoyo caen de la galería y la banda de acompañamiento hace todo lo posible por lograr que los prematuros cantantes se luzcan en el escenario.

En el escenario del Apollo han tocado desde James Brown hasta Paul McCartney

Foto: Agencia AFP

La segunda parte del espectáculo es donde verdaderamente todo toma color. El público se prepara mientras el animador llama a los asistentes a manifestarse a favor o en contra de los artistas. Algunos turistas se sienten incómodos con tanta algarabía, prefieren aplaudir tímidamente, mientras los comensales locales no dudan en pararse de las sillas y saltar.

La primera en salir es una joven afroamericana de unos 15 años. Antes de comenzar a cantar una canción de R&B toca el “árbol de la esperanza”, que es un pedazo de tronco sobre un pedestal que sirve como amuleto para los concursantes. La adolescente es talentosa, su estilo de cantar emula a Beyonce o Etta James. El público aplaude, mientras un par de hombres gritan piropos de grueso calibre. Los siguientes concursantes son igual de buenos. Priman las canciones de soul y gospel, populares entre la audiencia.

Los participantes no sólo son de Harlem, sino que provienen de todo Estados Unidos e incluso hay quienes viajan del extranjero sabiendo la importancia que puede dar un triunfo en el Apollo.  Una joven asiática se atreve, pero realmente no está al nivel de sus antecesores y es la única eliminada por la audiencia, la cual se ríe con la salida del “Exterminador” y su show.

Tras un intermedio donde el teatro tributa a los grandes que han estado alguna vez en su escenario —en esta ocasión la cantante Gladys Knight— la competencia se reanuda con la ronda final, donde el público elige al ganador por medio del “aplausómetro”. Tras una reñida competencia al final gana una joven que perfectamente podría triunfar en cualquier lugar. No ha partido nada de mal, ya puede contar en su curriculum que ganó en el Apollo, uno de los escenarios más emblemáticos y difíciles del mundo.

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