Sitges, un balneario “gay friendly”

A unos 30 minutos en tren desde el centro de Barcelona se encuentra Sitges, un hermoso pueblo de casas blancas como la arena de sus playas que también es conocido por ser uno de los balnearios más visitados por la comunidad homosexual europea.

Cuando mi amiga Pía me dijo que el fin de semana sería para ir a la playa yo pensé que estaríamos hablando de partir para las clásicas arenas de Barcelona, donde las mujeres hacen topless y los hombres no salen de la sunga o el boxer apretado.

—“No, tú te equivocas” me dijo la Pía. — “Vamos a ir a Sitges, donde no hay minas (mujeres bellas en jerga chilena)”—

Ok, pensé. Si no hay minas que hay…

“…Puros hombres, que les gustan los hombres…”, me contestó ella con ese aire de despreocupación y risa que siempre lleva consigo. Ups pensé yo con mi postura de lo más liberal, aunque para mis adentros estaba seguro de que prefería seguir viendo mujeres en topless en la playa local.

Sitges

Foto: gohappytravel.blogspot.com

Sitges es un antiguo pueblo de pescadores catalanes.

El día del paseo llegó y junto a Pía y Daria, otra amiga chilena que estaba aperrádamente dando la vuelta al mundo, partimos con chalas y toallas rumbo a Sitges — donde actualmente cada mes de octubre se realiza el festival de cine de ciencia ficción más importante de Europa— desde la estación de trenes de Gracia en el centro de Barcelona.

Tras un viaje de unos treinta minutos llegamos al pueblo abrazado por un sol sofocante, el cual nos mandó rápidamente a comprar agua, aunque las chicas más pensaban en comprar una especie de jote embotellado de dudosa calidad —para los que no sepan el “licor de ave” es el clásico combinado de Coca Cola con vino tinto—. Al poco avanzar por las pequeñas callejuelas que bajan desde la estación hacia la playa vimos la primera señal de que este lugar es distinto a los demás: una enorme bandera con los colores del arco iris nos daba la bienvenida a territorio “gay friendly”.

El sector de la costanera comprende hermosos edificios que albergan hoteles y restaurantes en una de las zonas más caras de toda España. Aquí se hallan caras boutiques y tiendas de ropa exclusiva. Al otro lado de la calle se encuentran las playas con sus canchas de voleibol y cientos de quitasoles desplegados. Más allá en el agua se ven decenas y decenas de bañistas capeando el calor. Algunos están en grupos, se ve que conversan animados y que lo están pasando muy bien. Aquí no sólo hay españoles, sino personas de toda Europa, especialmente hombres y mujeres que viajan desde Alemania y Suecia para pasar sus vacaciones.

La playa en sí no es muy ancha, pero casi no hay olas y la temperatura del agua difiere radicalmente de las congeladas aguas que “tranquila nos baña” por estos lados. La tarde pasa tranquila sobre la arena. Más allá de ver hombres paseándose en minúsculos y ultra apretados trajes de baño todo parece sumamente normal. Aquí no hay ni escenas subidas de tono ni nada que parezca escandaloso. Todo se ve sumamente natural, como si lo único mal fuera nuestro espíritu voyeristas que tan impregnado tenemos los chilenos.

Tras varias horas en la playa nada mejor que unos mojitos y cervezas en el casco antiguo de este antiguo pueblo de pescadores catalanes. De fondo la iglesia mayor de Sitges se alza a una orilla del mar. Pocas cosas pueden superar un atardecer con el Mar Mediterráneo de fondo, y no importa si se es mujer, hombre, heterosexual u homosexual para disfrutarlo.

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