Tigres en Tailandia: Un Ritalín para Zucaritas

Ver a turistas abrazados a una de las bestias mas feroces del planeta, como si fueran osos de peluche, es impactante. Lo curioso es que no sólo estaban abrazados, sino que algunos se recostaban sobre ellos como si fuera la almohada de una cama.

El famoso Ritalín, aquella pastilla blanca de 20, 30 o 40 miligramos que contiene Metilfenidato Clorhidrato y que actúa sobre el Sistema Nervioso Central.

Cómo no recordarla, si fui uno de los tantos usuarios de ella en la época de los ochenta junto a varios amigos y conocidos escolares.

Sin duda que su llegada al mercado nacional alegró a más de algún profesor estresado, madre angustiada y padre desesperado. Tener un hijo hiperactivo o con déficit atencional no era tarea fácil al parecer.

Tigres en Tailandia

Foto: Sebastián Alamos

Nuestro cronista en Tiger Temple de Kanchanaburi, lugar que queda a unas dos horas y medias al norte de Bangkok en Tailandia.

Lamentablemente, durante esos años su abuso no fue menor. Ya sea por la falta de conocimiento que había sobre sus efectos, ser un fármaco de moda o porque sus beneficios y resultados eran tan rápidos como hacer un jugo en polvo. Lo que nadie predijo, fue que las aulas se llenarían de zombies con cotona, como ocurrió en muchos casos.

Pero bueno, como no hay mal que dure cien años como dicen por ahí, bendito el día en que una serie de profesionales de la educación y la salud mental señalaron que la hiperactividad, el déficit atencional o cualquier otro trastorno educativo en esa línea, respondía muchas veces a un problema de motivación más que a un problema neuronal.

Si al alumno le iba mal en alguna materia o no se concentraba en clases, no necesariamente era por que tuviera un perno suelto en la cabeza. Sus problemas podían responder a otras cosas, como por ejemplo, que no le motivara el ramo, que el profesor fuera malo o que el sistema de enseñanza fuera como solcito de invierno. Quizás, más que medicar, lo primero que había que hacer era revisar el sistema, cambiarlo si era necesario o canalizar la energía de ese alumno “rebelde” en otras materias donde sí podía ser un alumno destacado. La pastilla mágica tenía que estar destinada a casos extremos, bien revisados, estudiados, aprobados por un equipo multidisciplinario, como “apoyo” a un tratamiento completo y no como solución final.

Algunos se preguntarán que tendrá que ver todo esto en un blog de viajes.

Me acordé de ella en el momento exacto en que entré al Tiger Temple de Kanchanaburi, lugar que queda a unas dos horas y medias al norte de Bangkok en Tailandia.

Ver a una serie de turistas abrazados a una de las bestias mas feroces que hay en el planeta como si fueran osos de peluche, fue impactante. Lo curioso es que no sólo estaban abrazados sino que algunos se recostaban sobre sus cuerpos como si fuera la almohada de una cama. Les agarraban y acariciaban la cabeza como quien le tira las orejas a un poodle.

"Zucaritas descansa"

Foto por Sebastián Alamos

Varios tigres de bengala posaban ante los flashes de las cámaras como si fueran conejos de angora.

Varios tigres de bengala posaban ante los flashes de las cámaras como si fueran conejos de angora. El mayor de todos, “Zucaritas” como le llamaban, era sin duda el divo del grupo, pesaba más de 200 kilos e intimidaba a cualquiera. Personas de todas partes del mundo hacían extensas colas para fotografiarse con él.

Dentro del grupo estaban también “Tigro” y “Tigretón” que si bien eran más tímidos que “Zucaritas”, igual se dejaban querer ante el acoso de la gente.

Yo, desde luego no podía perderme esta oportunidad y por supuesto accedí a sacarme una foto con ellos también. La verdad, no fue fácil, a pesar que los monjes que habitan el templo, y cada uno de los ayudantes, señalan que estos tigres no son agresivos, producto de su crianza en cautiverio, y que su carácter y temperamento salvaje afloran cuando cae la noche y baja la temperatura. Independiente de aquello, estar al lado de uno de ellos es un buen reto.

A pesar de todas las explicaciones, yo igual me sigo preguntando, de mal pensado que soy no más, ¿qué cresta es lo que le echarán en las albóndigas a estos gatos? ¿Será el famoso Ritalín del que tengo recuerdos o uno que otro Diazepam? Porque tigres más tranquilos y relajados no he visto ni en el zoológico ni en circo alguno.

Sea lo que sea, estar al lado de ellos y poder sentirlos de cerca es increíble y sin duda una experiencia única e irrepetible que se puede vivir acá en Asia.

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