La historia de “Mano de Padre”, el sacerdote que dejó la iglesia por las artes marciales

El mexicano José Loera se abre camino como peleador sin olvidar su vocación católica.

Guía de: Artes Marciales

La vocación de sacerdote es un apostolado. Y al igual que la práctica deportiva requiere de mucho compromiso y dedicación absoluta. Entregarse en cuerpo y alma, podría decirse, literalmente.

Y como las dos requieren de las mismas capacidades fue que el sacerdote mexicano José Loera, originario de Aguascalientes, se involucró en ambas.

A pesar de ser cura en su localidad, un día el mexicano decidió dedicarse a las artes marciales mixtas.

Mano de Padre

Con motivo de la enfermedad de su padre, Loera se tuvo que radicar un tiempo en Estados Unidos. Ahí fue que se acercó hacia la práctica del Jiu-jitsu brasileño y, posteriormente, a las artes marciales mixtas.

“Mi idea era trabajar en Estados Unidos y regresar a México, a la iglesia, pero estando aquí (Estados Unidos) empecé a hacer artes marciales mixtas y me gustó mucho y ya no regresé”, señaló.

“Mano de padre”, como lo apodan, perfeccionó tanto su estilo que decidió a probar suerte en la primera franquicia deportiva hispana de MMA de Estados Unidos: Combate Américas.

Posteriormente, abandonó el sacerdocio y hoy, a sus 35 años, es profesional con especialidad en el jiu-jitsu brasileño y trabaja como instructor de artes marciales en Tusla, Oklahoma

Mano de Padre

“Mano de padre” se considera un “guerrero de Dios” y trabaja duro. Al menos cuenta con ayuda divina para poder cumplir su sueño de la forma más católica posible.

“Sigo yendo a la iglesia. Soy católico y católico voy a morir. Sigo yendo y los sacerdotes de la iglesia católica son mis amigos. Ellos saben que peleo. Siempre que voy a ir a pelear voy y me dan sus bendiciones”, contó.

Consultado sobre los ritos antes de iniciar un combate, Lorea confesó que “rezo todo el tiempo y pienso en Dios: antes de entrar a un combate, cuando me duermo, cuando salgo y cuando voy a comer. Dios es mi centro para subirme al octágono y para todo. Primero es Dios. Por eso digo siempre: “Primero Dios”.

Sobre las críticas al deporte por su excesiva violencia, remarcó que pelear en las MMA “no es pecado. Si lo haces por deporte y con respeto, es un deporte, no un pecado. Pero si vas y peleas en la calle es diferente. En el deporte hay reglas, en la calle no, entonces no estás respetando a tu prójimo”.

La primera pelea de “Mano de Padre” fue ante el estadounidense Cristian Giovannie, quien lo derrotó en fallo dividido de los jueces. De todos modos, la derrota no amilanó el espíritu del cura que seguirá esforzándose para conseguir su primera victoria como profesional.

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