La carta astral es un Mandala (Segunda Parte)

La carta astral, en tanto mandala, nos remite a una organización interna peculiar: un centro y una periferia. Muchos astrólogos como consultantes a veces solemos enredarnos en los pormenores de la periferia, en su análisis, explicaciones prolíficas, olvidándonos del centro, donde todo es unidad y quietud.

Cuando sostenemos la visión de la carta astral concebida como un mandala, recuperamos su sentido sagrado, tal como planteábamos en el artículo anterior; no obstante, junto con ello, surge otra idea muy interesante y que se refiere a la organización interna del mandala: todo mandala está constituido tanto por un centro como por una periferia.

Y si bien esta idea pudiese parecer obvia o poco relevante, encierra -en términos astrológicos- interesantes repercusiones. Precisamente es el destacado astrólogo argentino Eugenio Carutti (director de Casa XI, escuela de astrología humanista) quien reflexiona respecto a este punto, pues señala que todo mandala está constituido por un centro y una periferia, los cuales están en constante relación: La periferia dialoga con el centro y el centro con ésta, en una conexión radial que nutre constantemente el movimiento del Todo.

Carta Astral

Foto: Astro.com

El estudio de la carta astral se basa en la interacción entre el centro (individuo) y la periferia (el entorno).

De este modo, toda carta astral posee su propio centro, lo que en términos gráficos corresponde exactamente a eso, al centro de la circunferencia, a su axis. Astrológicamente, este centro es concebido como el lugar en el cual se sitúa nuestro planeta, la Tierra, y esto -pienso yo- corresponde al lugar del individuo, a su centro, desde el cual observa el despliegue planetario. Justamente es en la periferia en la cual suelen situarse gráficamente los planetas, quienes forman distintas interacciones entre sí, es decir, múltiples aspectos planetarios (conjunciones, oposiciones, cuadraturas, entre otros).

Que la carta astral, al igual que un mandala, esté conformada por un centro y una periferia no es un simple asunto de diseño; al contrario, corresponde a un orden de alcance espiritual: mientras en la periferia hay movimiento, despliegue de planetas, montaje de personajes y escenarios variados de la vida, el centro permanece en silencio y quietud.

En la periferia, todo es impermanente, dinámico, cambiante, mientras que el centro es siempre lo que es inmutable. La pregunta para los astrólogos es, entonces, ¿cuánto valor le damos a la periferia por sobre el centro? ¿Cuánto olvido recae sobre ese centro? ¿Dónde situamos a la persona, al consultante, cuando entramos en su universo personal?

Ahora, le pregunto a cualquier persona que trabaje con su propia carta, ya sea a través de una meditación activa, el coloreo de su carta en tanto mandala, su contemplación o la mera ojeada al pasar… ¿Cuánto se identifica con la periferia de sus personajes, cuánto se identifica con su centro? ¿Cuántas veces ha visto su centro?

Pienso, a título personal, que cuando decidimos embarcarnos en los recovecos de un dios planetario (investigar sobre los pormenores de mi Saturno en caída en el signo de Cáncer, por ejemplo) es importante “no quemar las naves”, sino volver permanentemente a esa zona cero, quieta, autocentrada y sabia, que nos permite ciertamente viajar a la periferia, pero sin perder de vista que, paradójicamente, no somos eso.

Esto puede parecer un poco enredado, pero sí puedo ser Luna en Géminis (y de hecho slo soy), en tanto manifestación de la periferia, de la vida, del movimiento, del teatro del mundo, sólo puedo ser plenamente esa Luna en Géminis porque estoy anclada en mi centro, en mi ser, desde donde puedo contemplar el espectáculo de los fuegos artificiales de mis dioses planetarios.

Los programas de reducción de estrés (Mindfulness) nos ayudan a conectarnos con nuestro centro y no prestarle tanta atención a la periferia.

Foto: El Mercurio

Realizar programas de reducción de estrés (Mindfulness) ayudará a conectarnos con nuestro centro y no prestarle tanta atención a la periferia.

Este espacio central es la mejor vista para admirar la creatividad del sistema planetarios situado en sus respectivos dominios (o “casas” astrológicas), pues corresponde al espacio del Sí mismo, del alma, de la mente sabia, del observador, o como queramos denominarle.

Cuando reconozco la interrelación de ese centro y esa periferia y efectivamente tomo posición en mi centro, la experiencia cambia. Ya no soy sólo ese Sol en Escorpión, ni tampoco soy sólo ese Neptuno en Sagitario, ni tampoco soy sólo ese ascendente en Cáncer. Sí, soy todo eso, que es cambio, dinamismo, movimiento, fases, ciclos, ropajes a través de los cuales buscamos tener una experiencia humana, pero no son más que parte del juego, de un juego sagrado, ciertamente, pero donde hay constante cambio y dualidad.

Es cuando nos situamos en el centro, en la quietud, en el silencio interior, cuando mejor podemos observar, aceptar lo que somos y, según lo que requiramos, actuar alineados con ese Marte en Capricornio (que tal vez la ocasión amerita) y que nos ayuda a perseverar, ambicionar y concretar; o tal vez elegimos despertar el poder de ese Urano en Escorpión, capaz de transgredir y romper con ciertas estructuras para revelar con coraje (y aun con crudeza) los oscuros tesoros del alma; o quizás desde ese centro elijo despertar mi Luna en Piscis que me permite acceder a mundos sutiles, de alta resonancia espiritual, conectada con el Universo…

En fin, se trata de elegir y sólo podemos hacerlo con conciencia plena (mindfulness) cuando estamos en el centro, en nuestro centro. Si nos olvidamos del centro y lo sustituimos completamente por la periferia y –lo que suele suceder- nos enredamos en las explicaciones y teorías en torno a la periferia,  tal vez ya no estemos eligiendo, sino simplemente actuando, de manera ciega, los arquetipos planetarios.

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