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Contaminación ambiental extrema: ¿Es culpa de los autos?

La crisis ambiental que vive China y el crecimiento en la mala calidad del aire en varias ciudades de Chile, nos hacen mirar a otros países que han encontrado soluciones.

Guía de: Autos

El desastre ambiental del gigante asiático, China, no sólo afecta a sus propios habitantes, también comienza a afectar a sus vecinos, como Japón, quienes ya habían solucionado aquel problema años atrás.

En Chile, los problemas de contaminación del aire son constantes, ya no sólo en Santiago, sino que también en otras ciudades. Todos nos quedamos tranquilos o creemos que el problema se soluciona imponiendo restricción y culpando al gran parque automotriz que año a año crece en miles de unidades.

contaminación ambiental

Foto: El Mercurio

Japón es un gran ejemplo de que aquella forma de ver el problema está muy lejos de la solución. La nación nipona logró limpiar su aire controlando el uso del combustible diésel en los automóviles y en la industria, saliendo de una situación prácticamente igual a la que vive China en este minuto, con un aire tan contaminado que parece haber una espesa niebla. La generación de polvo en suspensión y de las nocivas partículas provenientes de la combustion del diésel, provocan la contaminación más peligrosa y cancerígena del aire, mucho mayor a la ya reducida contaminación que producen los motores a gasolina.

Acompañados del problema del espacio, en Japón incluyeron impuestos según el tamaño de los autos, por ello existen modelos tan extraños y similares a cubos que aprovechan al máximo las medidas que limitan cada categoría de impuestos.

Santiago se ve cada vez más ensombrecido por una nube que no nos deja ver la cordillera, historia que se repite en otras ciudades del país, abriendo paso a la mal aplicada restricción vehicular, haciéndonos creer que debemos dejar el automóvil. Cierto es, que tantos miles de autos contribuyen al problema, pero no son la raíz real.

La deficiente organización del transporte público, alimentado por combustible diésel sin tener filtro de partículas (que se prometieron años atrás), la concentración de industrias y la nula fiscalización a todos los vehículos que circulan en nuestras calles, son aristas que si son atacadas, harán un mayor efecto que sólo determinar una restricción que prácticamente no afecta al problema.

Hace algunos años, la Universidad de Chile analizó los filtros de las estaciones de monitoreo, y destacó que un porcentaje mínimo en la contaminación santiaguina corresponde al parque automotriz, la mayor parte de la torta se la lleva la combustión diesel y el polvo en suspensión.

Si no solucionamos el problema de la contaminación de raíz, aunque 1/3 de los automovilistas se vuelvan ciclistas, no habrán grandes cambios en el paisaje.

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