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¿Sería útil reducir la velocidad máxima de los autos en la ciudad? Un debate abierto

Las autoridades presentan beneficios para bajar la velocidad a 50 km/h como límite, pero parece una norma bastante poco real.

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Recientemente se ha escuchado mucho sobre la intención de reducir la velocidad máxima en ciudad de 60 km/h a 50 km/h. En la teoría, traería varios beneficios al entorno de la ciudad (pero no a los conductores); en muchos países es la velocidad límite desde siempre, pero en Chile, ¿Es una medida que realmente tenga un impacto?

Seamos honestos, nadie respeta la velocidad establecida a menos que haya un control de Carabineros. Es cosa de hacer un experimento y rodar unas cuantas cuadras a la velocidad legal, en cualquier calle de Santiago, para comprobar que la gran mayoría de los conductores llega a doblar la velocidad máxima permitida.

Probablemente no sea un tema intencional, estamos en una era donde los motores son tremendamente eficientes y las tecnologías permiten que el auto se mueva con una soltura increíble en ciudad, en muchos casos si uno no está prestando atención al velocímetro, sensación de velocidad no se experimenta hasta por sobre los 100 km/hr.

La capacidad de los motores, sobre todo los de última generación, permite que se vaya a regímenes bajísimos de revoluciones en torno a los 60 km/h, además de eso, la capacidad de respuesta, frenado y adherencia es realmente notable incluso, por sobre esas velocidades; en la realidad, si nisiquiera prestamos atención al velocímetro, tampoco estaremos al 100% concentrados en lo que sucede a nuestro alrededor para reaccionar a tiempo ante una emergencia.

velocidad

En resumidas cuentas, a los conductores chilenos nos hace falta un poco de respeto por las normas, la falta de control, en todos los aspectos de la conducción en ciudad, hace que cualquier norma, por buena que parezca, sea en la realidad una simple referencia que queda para quien quiera tomarse el tiempo de cumplirla.

La falta de respeto constante por las normas, hace pensar que esta nueva medida de reducir la velocidad, tendrá un impacto mínimo en relación a lo que claman las autoridades que quieren implementarla; la ironía también viene desde quienes quieren poner esta norma, que tampoco respetan los límites de velocidad.

El aislamento sobre la consciencia de lo que hacemos en la calle, es un problema mucho más profundo que el real límite de velocidad al que estamos normados. La real necesidad de nuestra cultura, es normar como corresponde el proceso de obtención de licencia, que hasta hace poco, en algunos lugares seguía siendo un documento “comprable”. Si nuestro sentido por el respeto de las normas es tan nulo, las cifras que presenta la autoridad de mejora, no son reales, son un supuesto en los que no se han tomado la molestia de medir de forma empírica, simplemente se ha limitado a leer informes elaborados en otras ciudades del mundo.

 

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