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Henrietta Lacks: La mujer de origen humilde que jamás imaginó que sus células serían clave para la medicina

Las denominadas “Células HeLa” han sido parte fundamental en la biotecnología.

Guía de: Ciencia

¿Se ha preguntado cómo lo han hecho los laboratorios para preparar antídotos para combatir diversas amenazas biológicas? ¿Nos creería si le contamos que buena parte de estos experimentos se han desarrollado a partir de las células inmortales de una mujer de escasos recursos que fueron replicadas indefinidamente por todo el mundo en las últimas seis décadas? Esa es la increíble historia de Henrietta Lacks, una heroína que permaneció en el anonimato por mucho tiempo.

Todo comenzó en un día de 1951, cuando una afroamericana pobre llamada Henrietta Lacks llegó al hospital estadounidense John Hopkins de la ciudad de Baltimore, ya que había estado sangrando entre menstruaciones y tenía dolor abdominal. Howard Jones, el ginecólogo que la examinó, encontró un tumor fuera de lo común en el cérvix ya que era púrpura y sangraba fácilmente al tocarlo.

Foto: Henrietta Lacks. /rabinmartin.com

Foto: Henrietta Lacks. /rabinmartin.com

Tras los exámenes de rigor, Jones se percató de que las células de Henrietta reproducían una generación entera en 24 horas, y nunca dejaban de hacerlo. Fueron las primeras células humanas inmortales que crecieron en un laboratorio.

A ella no la pudieron salvar del cáncer que tenía, pero antes de fallecer, le tomaron células de su cuerpo sin avisarle. Desde esa fecha a la actualidad, dichas células han estado creciendo y multiplicándose hasta llegar a billones de ellas en todo el mundo.

Se les denominó “Células HeLa” y se hicieron mundialmente famosas, porque por primera vez cualquier cosa podía probarse en células humanas vivas. No sólo permitieron el desarrollo de una vacuna contra el polio e incontables tratamientos médicos, sino que hasta viajaron al espacio exterior en las primeras misiones espaciales, para que los científicos pudieran anticipar qué le pasaría a la carne humana en gravedad 0.

Foto: Células HeLa. /culturacientifica.com

Foto: Células HeLa. /culturacientifica.com

Incluso, el ejército de Estados Unidos puso grandes frascos de células HeLa en lugares en los que hacían ensayos nucleares. Además, fueron las primeras en ser compradas, vendidas, empacadas y enviadas a millones de laboratorios de todo el mundo, algunos de ellos dedicados a experimentar con cosméticos, para asegurarse de que sus productos no causaban efectos secundarios indeseados.

Por tal razón, se convirtieron en una de las herramientas más importantes de la medicina, pero nadie le pidió permiso a Henrietta Lacks para hacerlo y su familia tuvo que luchar varios años por sus derechos.

Recién en 1973 la familia Lacks se enteró de que las células de Henrietta todavía estaban vivas. Tuvieron conocimiento de esto cuando un equipo de geneticistas los buscó para examinar su ADN, pues había surgido la teoría de que la cura del cáncer podía estar en la manipulación de los genes.

Cuando los hijos de Henrietta se percataron de lo que estaban haciendo con las células de su madre, decidieron consultar abogados para averiguar si tenían derecho a recibir compensación económica de la industria de biotecnología.

Sin embargo, la familia Lacks no tuvo suerte pues su madre había fallecido hacía demasiado tiempo. Aun así, siguieron luchando por el control de las células y emprendieron una campaña para que se reconociera la contribución de Henrietta a la investigación médica. Como resultado, Henrietta Lacks se convirtió en una heroína científica.

Recién en agosto 2013, a la familia Lacks se le confirió un poco de control sobre el acceso de los científicos al código de ADN de las células de Henrietta Lacks. Además, la familia debe recibir reconocimiento en los estudios resultantes.

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