Doce cosas de la infancia que debes hacer a los 30 años

Recuerda siempre tu infancia. Pon en práctica estas doce cosas que hacías de niño.

Guía de: Coaching

Doce cosas de la infancia que debes hacer a los 30 años

Uno de los mayores errores que cometemos en relación con la felicidad es descuidar el yo infantil. Hay doce cosas de la niñez que debes poner en práctica también a los 30:

1. Improvisa el momento como cuando eras un niño y seleccionabas al ritmo de tu intuición tu juego preferido para ese momento.

2. Sigue aprendiendo. La etapa escolar marca el inicio del proceso académico. A los 30 años, puedes asistir a clases de inglés, participar en un congreso o participar en un curso de literatura.

3. Así como cuando eras un niño ibas a la biblioteca para tomar libros infantiles en préstamo, en la etapa adulta, también puedes elegir novelas y lecturas para el fin de semana.

4. El juego es una de las formas de entretenimiento más importantes en la infancia. A los 30 años, no pierdas la parte lúdica de la vida. ¡Diviértete!

5. Túmbate en el césped y observa las formas que dibujan las nubes en el cielo. Deja volar tu imaginación como cuando eras un niño viendo más allá de lo evidente.

6. Organiza tu fiesta de cumpleaños y reúne a tus amigos para revivir aquellas celebraciones de infancia que son las que se recuerdan durante toda la vida.

7. Seguro que durante tu infancia ibas al parque para compartir juegos con amigos. En la etapa adulta, puedes ir a pasear o sentarte en un banco para leer una revista.

8.  Disfruta de los paseos en bicicleta como un plan de entretenimiento fantástico para reducir el estrés y estar en forma.

9. Pide ayuda si la necesitas igual que cuando eras un niño y contabas con el apoyo frecuente de tus padres.

10. Sueña despierto y deja volar tu imaginación. Alimenta momentos de idealidad en tu mente al igual que hacías cuando eras un niño.

11. Pinta. Puedes dibujar sobre el papel tus miedos internos, darles forma y color para transformar esta terapia en una forma de expresión.

12. Puedes regalarte placeres sencillos, por ejemplo, no renuncies al placer de dormir una siesta si estás cansado.

Mantener la amistad con algún amigo de la infancia en la etapa adulta es un verdadero regalo de felicidad. Al quedar con esos amigos, recordarás anécdotas de aquella etapa.

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