Inicio » Cómics » Equipo

Gracias Themo Lobos, homenaje a un maestro del cómic

La muerte de Themo Lobos impacta a una generación que creció leyendo las aventuras que creo y dibujó.

Murió Themo Lobos. Y de alguna forma, creo que me siento algo huérfano. Como muchos de mi generación.

No soy experto en comics o historietas. No he leído muchas y son menos aún las que colecciono. Soy más de películas y, principalmente, libros.

Sin embargo, el mundo de Themo Lobos fue, durante mucho tiempo, mi mundo propio. Aprendí a leer con la revista Cucalón, que compraba mi padre, que, a su vez, creció con Mampato. Los primeros recuerdos que tengo son, de hecho, recuerdos de mi madre sentada al lado de mi cama leyéndome una de las historietas. “Ogú, Mampato y los vikingos”, creo que era.

Ogú mampato

Foto: El mercurio

Hoy, todos los tomos de Cucalón están empastados en mi casa y en la de mis papás. Cómo los integrantes más preciados de nuestras respectivas colecciones de libros.

Parte de quien soy, de mis gustos, son influencia de Themo Lobos. Así aprendí sobre historia de Chile, sobre Rapa Nui. Leí la Iliada inmediatamente después de leer las aventuras de Ogú y Mampato en Troya. Pedí que me compraran las novelas de Alejandro Dumas luego del viaje de Mampato sobre los Tres Mosqueteros. Me interesé en la fantasía —que hoy es mi género favorito— luego de leer sobre los vikingos y sobre el Rey Arturo en la gloriosa Cucalón.

Mampato —que, ciertamente, no es creación de Themo Lobos, pero sí lo desarrolló— fue mi primer héroe. También lo fue Ogú. Siempre quise ser el niño que viajaba por el tiempo mediante el cinto espacio-temporal. Creo que lo fui. Aún lo soy, pues el cinto espacio temporal sigue estando en mi imaginación. También, para que voy a mentir, quería tener el poder de andar repartiendo palos a los que se lo merecieran y ser el mejor en la “peleíta yika”.

Themo Lobos, para mí, era un gigante. Imagínense. Un niño que viaja por el tiempo, con un hombre de las cavernas y una telépata del futuro. Conociendo los mitos. Descubriendo la historia. A veces, explorando nuevos mundos. Una idea genial. Digna de best seller.

Claro que Mampato y Cucalón no eran solo las aventuras del chico pelirrojo y su amigo cavernícola.  Nunca reí tanto leyendo como cuando miraba las viñetas de Máximo Chambónez o Alaraco. Conocí a Nick Obre primero que a James Bond. A Ferrilo antes que a cualquier otro robot cinematográfico. Leí a Cucufato antes de que me gustara el fútbol.

Cuando, en 1993, dejó de salir Cucalón, fue un golpe, aunque mi padre me trató de hacer sentir que era un alto momentáneo. La aparición de Pimpín, una nueva revista de sólo cuatro números, fue una ilusión demasiado breve. La película, de 2002, un trabajo aislado.

Luego comenzaron a salir las nuevas ediciones. Las compré, por supuesto, y mantuve la esperanza de que don Themo nos regalara una nueva historia. Por ello, volví a la infancia cuando supe que la incompleta Ogú y Mampato en el Tíbet iba a ser relanzado.

Actualmente, esperaba el lanzamiento de “Ogú, Mampato y los balleneros” y de “Ogú y Mampato y los piratas”, obras casi inéditas, que se cuentan dentro de las mejores que realizó Lobos. Supongo y espero que se lanzarán de todas maneras. Supongo y espero que habrá un homenaje. Que algún premio lleve su nombre.

Pese a esto, no me corresponde hablar de la importancia histórica de su trabajo. Como ya dije, no soy un experto. Sí me corresponde dar las gracias. Como fan. Como alguien que creció con estas historias.

Gracias porque ningún texto escolar me educó tanto como Cucalón. Gracias por permitirme desarrollar mi imaginación. Gracias por acompañar mi infancia y motivar mis sueños. Gracias por interesarme en temas nuevos. Gracias por los valores, por las enseñanzas sobre diversidad, tolerancia y esfuerzo que integrabas en las historias. Gracias por esos preciosos tomos de Cucalón que hoy, más que nunca, resaltan sobre cualquier otro libro.

Pero principalmente, llegando a casa también agradeceré a mi padre. Por legarme esas historietas. Que en algún momento espero poder traspasar también. Todos los de la generación Mampato debiéramos hacerlo. Es el legado de Themo Lobos y debiera ser nuestro homenaje.

Más sobre Cómics

Comentarios Deja tu comentario ↓
Síguenos en Facebook X