Las sopaipillas y su evolución en el tiempo: Cambia todo cambia

Deliciosas sopaipillas que han ido cambiando con el paso del tiempo.

Guía de: Cultura Chilena

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Son ricas y muy sabrosas, con pebre, con mostaza o con salsa verde, algunas de las opciones con las que se pueden disfrutar hoy las sopaipillas.  Son todo un majar terrenal, un emblema sublime y callejero que ya se ha vuelto parte de nuestra cultura popular y, por qué no decirlo, también de la extranjera.

No hay persona que alguna vez no haya probado sopaipillas. Una masa hecha con harina, levadura, sal y zapallo, entre otros ingredientes, que en las proporciones correctas son la mezcla perfecta para elaborar uno de los productos caseros y callejeros que, junto al mote con huesillo, identifican más a nuestra cultura. Es tal su sello y sabor popular que hasta un grupo de músicos chilenos, Sinergia, le compuso una canción: Sopaipillas con Mostaza.

 

Desde la cocina de cualquier hogar chileno, se pueden elaborar las sopaipillas, las que especialmente en días de lluvia hacen su estreno en las calles de Santiago, o en el comedor de cualquier hogar chileno, donde la mesa se corona de estas maravillas que las abuelitas de antes nos preparaban con tanto esmero.

Lamentablemente las verdaderas sopaipillas ya no se preparan con tanta dedicación como antes, para muchas personas ese sabor y esponjosidad que se conseguían en la verdadera preparación son un recuerdo del pasado. Antes, comerlas y prepararlas era casi un acontecimiento familiar, que a la hora del té o los fines de semana, permitían el momento ideal para reunirse.

Actualmente las sopaipillas vienen hechas, solo es llegar y freír. Labor que realizan los vendedores sopaipilleros que se encuentran en cualquier parte de Santiago,  pues ya son todo un emblema nacional en las calles.

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Las sopaipillas prácticamente se pueden encontrar en cualquier rincón de Chile y, al igual que el maní confitado, su olor es característico. Aunque las condiciones de elaboración han ido variando, porque lo que se busca es la salida rápida del producto y ganar tiempo en las ventas, las sopaipillas callejeras se venden como pan caliente, debido a su bajo costo. Generalmente se pueden encontrar a 500 pesos en la calle (menos de 1 dólar).

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La señora Juanita Llaupe, más conocida como la abuelita, vende sopaipillas en su carrito en Vicuña Mackenna con Alameda, a la salida del Metro Baquedano.

“De a poco empiezan a aparecer compradores que apenas se bajan de la micro viene directo. Lo que más celebran son las sopaipillas con zapallo que amaso antes de las 4 de la mañana para que lleguen fresquitas”, cuenta Juanita.

Pero aunque los cambios y su masificación en verdaderas “fabricas de sopaipillas” son evidentes, la verdad es que este producto chileno sigue siendo símbolo de la cocina nacional. Con o sin variantes, la sopaipilla mantiene su reinado.

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