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La paradoja finlandesa en emprendimiento

A pesar de ser Finlandia uno de los países que más desarrollado tiene su sistema de educación superior, los graduados, ya sean técnicos superiores o universitarios, no quieren emprender. Aquí el caso de un país que viene de vuelta.

Volví hace un par de semanas a Chile. Tuve la oportunidad de estar por un periodo de tres meses en Finlandia, para ser exacto en Turku, la tercera ciudad por tamaño de aquel país. Aunque a más de algún lector le parezca extraño, en mi opinión Chile y Finlandia comparten muchos aspectos: son países relativamente lejanos y aislados geográficamente (bueno, ellos no tienen la hermosa cordillera de los Andes, pero si el Círculo Polar Ártico); han sido economías muy dependientes de los recursos naturales y socioculturalmente hablando, las personas en general tanto aquí como allá son más sobrias y calladas (y digámoslo, parcas y más aburridas) que el resto de Europa en su caso y Sudamérica en el nuestro (aunque los finlandeses son mucho más callados que nosotros).

Finlandia

Foto: AFP

Los graduados, ya sean técnicos superiores o universitarios, no quieren emprender.

El tema cultural da para mucho, pero me aboco a mi tema: durante mi estancia trabajé en varios proyectos académicos relacionados con emprendimiento y creación de nuevas empresas en la Turku School of Economics.  Curiosamente, otro de los aspectos que compartimos con los finlandeses es que desde el mundo tanto académico como de la política pública se están preocupando (y ocupando) por incentivar el emprendimiento. Finlandia (y Chile) necesitan más emprendedores. Finlandia esta perdiendo competitividad, Chile no la ha ganado del todo.

El “modelo Nokia” parece estar agotado y no están surgiendo nuevas empresas dinámicas con alto potencial de crecimiento. Si bien como buen país desarrollado el porcentaje del PIB que se destina a investigación y desarrollo es cercano al 4% y principalmente encabezado por empresas privadas (aquí sí que no nos parecemos ni poquito), la “paradoja” es que en las últimas décadas este gasto en I+D no ha permeado hacia empresas nacientes y, a pesar de ser uno de los países que más desarrollado tiene su sistema de educación superior, tampoco los graduados, ya sean técnicos superiores o universitarios, quieren emprender.

La paradoja se acentúa cuando se observa que ni las instituciones cuasi perfectas y un estado rico y de gente bien educada no están siendo capaces de reinventarse a sí mismos a un ritmo más acelerado ¿será que el “estado del bienestar” estará haciendo a la gente más conformista?  En Chile vamos hacia el desarrollo, ellos vienen de vuelta. Lo paradójico también es que en la analogía de los caminos de ida y vuelta se encuentra un punto de convergencia. Si también podemos aprender de los errores (parte esencial de la cultura emprendedora) probablemente no tengamos que vivir estas paradojas, aunque a veces creamos que somos más desarrollados de lo que realmente somos.

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