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Tornados en Chile: Las zonas con mayor frecuencia y por qué el país necesita radares para anticiparlos

Expertos advierten que Chile carece de equipos Doppler para detectar tornados en formación y mejorar el sistema de las alertas.

Un tornado de categoría preliminar EF0 o EF1 se registró este miércoles en la comuna de Retiro, provincia de Linares, Región del Maule, provocando daños, caída de árboles y afectaciones en distintos sectores.

Aunque suelen tener una duración breve y afectar superficies acotadas, los tornados pueden ocasionar importantes daños materiales y poner en riesgo la vida de las personas. En Chile, estos fenómenos se concentran principalmente entre las regiones del Maule y Los Lagos, con una mayor frecuencia histórica durante mayo y junio. Su detección y seguimiento, sin embargo, continúan representando un desafío para los sistemas de monitoreo meteorológico del país.

Frecuencia y zonas de ocurrencia

Ricardo Abarca, meteorólogo y encargado de la Oficina de Estudios Meteorológicos de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), explica que las investigaciones recientes han permitido establecer que los tornados no son tan inusuales como se pensaba. Según detalla, la mayor probabilidad de ocurrencia se concentra entre fines de otoño y principios de invierno, con un peak histórico durante mayo y junio.

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Agrega que geográficamente, los registros se concentran en la zona centro-sur, especialmente entre las regiones del Maule y Los Lagos, con antecedentes importantes en Ñuble y Biobío.

Edgardo Sepúlveda, investigador del Grupo de Investigación Antártica de la Universidad de Santiago (USACH), advierte que determinar con exactitud la frecuencia de estos eventos resulta complejo debido a su corta duración y extensión territorial. Asimismo, señala que el aparente aumento de tornados registrados durante las últimas décadas podría responder, al menos en parte, a las mejoras en la capacidad de observación, el crecimiento de la población y el uso de teléfonos celulares para documentar estos fenómenos.

En ese sentido, el investigador sostiene que todavía no está claro si el incremento de los registros responde a cambios climáticos, a una mayor capacidad de detección o a una combinación de ambos factores.

¿Cómo se forman y qué los diferencia?

Los tornados se producen cuando coinciden determinadas condiciones atmosféricas que favorecen el desarrollo de tormentas intensas y la rotación del aire. Entre los factores relevantes se encuentran la inestabilidad atmosférica y los cambios en la velocidad y dirección del viento con la altura, fenómeno conocido como cizalladura.

Abarca explica que en Chile estos eventos suelen desarrollarse después del paso de un sistema frontal o temporal principal, cuando persisten condiciones favorables para la formación de tormentas.

La diferencia entre un tornado y una tromba marina está determinada por el lugar donde se produce el contacto del vórtice con la superficie. Mientras el tornado ocurre sobre tierra firme, la tromba marina se desarrolla sobre el mar u otros cuerpos de agua. Ambos corresponden al mismo tipo de fenómeno, aunque se manifiestan en entornos diferentes, explica el experto.

La intensidad de los tornados se clasifica mediante la Escala Fujita Mejorada (EF), que contempla categorías desde EF0 hasta EF5. Esta clasificación no corresponde necesariamente a una medición directa del viento durante el evento, sino que estima su intensidad a partir de los daños observados en estructuras, vegetación y otros elementos afectados. De acuerdo con Abarca, en Chile, la mayoría de los tornados documentados se sitúan entre las categorías EF0 y EF2. Sin embargo, existen antecedentes de fenómenos de mayor intensidad.

Monitoreo y desafíos para Chile

Abarca explica que actualmente, la DMC monitorea las condiciones meteorológicas que pueden favorecer la formación de tornados mediante modelos de pronóstico y observaciones satelitales. Esta información se coordina con el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED), organismo encargado de emitir alertas y entregar orientaciones a la población.

No obstante, los especialistas advierten que el país necesita fortalecer sus capacidades de detección. Abarca señala que la incorporación de radares meteorológicos permitiría observar el interior de las nubes, identificar señales de rotación y mejorar la anticipación de las advertencias.

Sepúlveda agrega que los modelos atmosféricos actuales no permiten determinar con precisión el lugar y el momento en que se formará un tornado. En tanto, Luis Donoso, profesor de Geofísica de la Universidad del Desarrollo, advierte que la ausencia de una red de radares Doppler polarizados limita la posibilidad de detectar cambios en el interior de las tormentas y realizar pronósticos de muy corto plazo.

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