El Niño y el aumento de las temperaturas: ¿Cómo será el verano en Chile?
- Andrea Cova Moore, equipo de Facts
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El próximo verano en Chile podría estar marcado por temperaturas superiores a los registros habituales, episodios de calor extremo y precipitaciones fuera de temporada en algunas zonas del país. Estas condiciones estarían relacionadas con la intensificación del fenómeno de El Niño, cuya evolución mantiene atentos a los especialistas por sus posibles efectos sobre el clima, la disponibilidad de agua y los riesgos asociados a eventos meteorológicos extremos.
Según Alex Godoy, director del Centro de Investigación en Sustentabilidad y Gestión Estratégica de Recursos de la Universidad del Desarrollo, las proyecciones de octubre de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) indican una probabilidad cercana al 90% de que las condiciones de El Niño se mantengan durante el verano 2026-2027.
Temperaturas sobre lo normal
Edgardo Sepúlveda, investigador del Departamento de Física de la Universidad de Santiago de Chile, explica que El Niño no solo implica un aumento de la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial oriental, sino que también genera respuestas en la atmósfera.
En ese contexto, el último pronóstico estacional del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo muestra una alta probabilidad de temperaturas de 1 °C sobre lo normal a partir de enero, con anomalías que podrían alcanzar los 2 °C en febrero.
Aunque estas diferencias puedan parecer pequeñas, el especialista advierte que podrían aumentar la probabilidad de que se registren temperaturas extremas durante varios días consecutivos y, por consiguiente, olas de calor. También plantea la posibilidad de que se establezcan nuevos récords de temperatura durante el verano.
Pablo Salucci, geógrafo y académico de Administración en Ecoturismo de la Universidad San Sebastián, coincide en que se proyecta una temporada con temperaturas elevadas y episodios de calor que podrían superar los registros de veranos anteriores.
Sin embargo, Godoy advierte que los efectos no serán uniformes en todo el territorio. La evolución de las temperaturas dependerá de la interacción de El Niño con otros sistemas atmosféricos y de las características climáticas de cada región.
El riesgo de los incendios forestales
El aumento de las temperaturas también podría agravar las condiciones para la propagación de incendios forestales. Sepúlveda explica que tanto El Niño como La Niña pueden favorecer temporadas complejas, aunque por mecanismos diferentes.
Durante El Niño, las mayores precipitaciones pueden estimular el crecimiento de vegetación que posteriormente se seca con las altas temperaturas estivales, convirtiéndose en combustible. Además, el investigador advierte que el viento “puelche” cálido y descendente desde la cordillera hacia sectores de la zona centro-sur, puede favorecer la propagación del fuego.
En contraste, explica que La Niña suele amortiguar las temperaturas estivales, pero la menor acumulación de agua durante la temporada húmeda puede dejar vegetación seca y susceptible de inflamarse.
Salucci también anticipa una temporada de incendios forestales compleja y plantea la necesidad de acelerar las medidas de preparación, adaptación y mitigación.
Preparación ante escenarios extremos
Más allá de las proyecciones estacionales, Godoy sostiene que Chile debe prepararse para enfrentar riesgos simultáneos, desde inundaciones y remociones en masa hasta olas de calor e incendios forestales.
Entre las principales medidas, el académico destaca el fortalecimiento de los sistemas de monitoreo y alerta temprana, la planificación de los recursos hídricos y una mayor coordinación entre las instituciones nacionales, los gobiernos regionales y los municipios.
Asimismo, advierte que las precipitaciones acumuladas durante el año no garantizan por sí solas una mayor seguridad hídrica, ya que también influyen la acumulación de nieve, su derretimiento, la capacidad de almacenamiento y la demanda durante los meses cálidos.
En esa línea, Salucci enfatiza la urgencia de anticiparse a los posibles efectos del fenómeno y fortalecer la preparación institucional. Para los especialistas, el desafío no consiste únicamente en proyectar un verano más cálido o lluvioso, sino en reducir la vulnerabilidad del país frente a condiciones meteorológicas que podrían intensificarse en un contexto de calentamiento global.
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