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Violencia en colegios: Los números detrás del fenómeno y las razones que explican su aumento

El número de denuncias de maltrato a estudiantes realizadas en la Superintendencia de Educación durante este año, alcanza las 1.726.

Otro episodio de violencia en un centro educacional se vivió el pasado lunes en el país, específicamente en la comuna de Maipú. Esta vez, el autor de la agresión fue el apoderado de una alumna, quien presuntamente era víctima de acoso escolar por parte de otra estudiante de séptimo básico. El adulto llegó a las dependencias del Centro Educacional Piamartino “Carolina Llona de Cuevas”, con un bastón retráctil para agredir directamente a la menor.

Según un comunicado que emitió el establecimiento, varios de sus colaboradores intervinieron para “proteger la integridad de la estudiante, así como también de los demás niños, y jóvenes, que se encontraban alrededor”. Sin embargo, el hombre amenazó con el bastón retráctil “a estudiantes, apoderados y educadores”

Algunos de los apoderados de la institución educacional señalaron a los medios que no es la primera vez que el establecimiento y los niños son testigos de violencia, ya que acusan que en el colegio existe acoso escolar, tráfico y consumo de drogas, e incluso algunos menores portan armas blancas.

El número de denuncias de maltrato a estudiantes realizadas en la Superintendencia de Educación (Supereduc), entre el 1 de enero hasta el 10 de mayo de este año, alcanza las 1.726, lo que se traduce en un 43,7% de las denuncias que han ingresado a nivel nacional (3.946).

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Además, el documento entregado por la Supereduc, detalla lo siguiente:

• La variación del promedio del número total de denuncias de maltrato a estudiantes, entre los años 2018-2019 al 2022, aumentó en un 18,2%, incrementando de 1.460 a 1.726.
• La variación del promedio del número de denuncias de maltrato de adulto a párvulo y/o estudiante, entre los años 2018-2019 a 2022, disminuyó en un 31,8%, pasando de 671 a 457.
• La variación del promedio del número de denuncias de maltrato entre párvulos y/o estudiantes, entre los años 2018-2019 a 2022, incrementó en un 60,7%, aumentando de 790 a 1.269.
• La variación del promedio del número de denuncias ingresadas a nivel nacional de todas las temáticas, entre los años 2018-2019 a 2022, aumentó en un 9,6%.

Es importante destacar que la comparación realizada por la Superintendencia de Educación del año 2022 se efectúa respecto al mismo periodo de 2018-2019, ya que los años 2020 y 2021 son atípicos debido a la crisis sanitaria por coronavirus.

Pero ¿cuáles son las causas que explican el aumento de los hechos violentos en los centros educacionales? La psicóloga educacional y decana de la Facultad de las Ciencias de la Educación de la Universidad de Talca, Carolina Iturra, menciona que “para entender la violencia escolar hay que hacer un análisis de muchos factores distintos, la respuesta no solo está en el estudiante o el contexto escuela, sino que está en la relación entre todos”.

• Pandemia: “No sabemos lo que ha pasado en la casa de los estudiantes mientras estuvieron confinados”, la experta menciona que las instancias o condiciones que enfrentaron pueden ir desde violencia física, hacinamiento y falta de espacio para la individualidad.
• Contexto político – social: “Tenemos sociedades en crisis, existe una guerra, y todo esto es un caldo de cultivo para que los estudiantes sientan que la única forma de resolver sus problemas es a través del ejercicio de la violencia”.
• Salud mental de jóvenes: “La salud mental de los estudiantes y jóvenes ha estado más deficiente y han mostrado más dificultades, porque es una etapa de la vida donde las relaciones cobran una importancia vital y si esas relaciones no se dan en los conceptos auténticos, como el cara a cara, pueden generar expectativas o frustraciones que no necesariamente están siendo manejadas”.
• Falta de acciones para la transición: “Creo que una de las cosas que faltó fue pensar en qué podíamos hacer o cómo podríamos generar esta transición desde dos años de confinamiento a comenzar de nuevo la presencialidad”.

Las peleas entre alumnos en los establecimientos estudiantiles, las amenazas de estudiantes hacia profesores y directivos, y el porte de armas por los menores son conductas que según Iturra “siempre han existido, incluso antes del estallido (…) solo que hoy se ha exacerbado y ha aumentado su frecuencia”. El director ejecutivo de Acción Educar, Daniel Rodríguez, añade que “puede pasar que antes no se veía o no se sabía, ya que estoy convencido que producto de las redes sociales y quizás por la pandemia estos hechos son más conocidos y tienen un mayor impacto mediático”.

Las medidas: “Existe una necesidad urgente de enfrentar la violencia en los colegios, con la institucionalidad que se cuenta, la Superintendencia de Educación, y todas las medidas que se están tomando en el marco de la política de convivencia escolar”, señala Rodríguez. La académica de la Universidad de Talca señala algunas de las medidas que estima conveniente:

• Sanciones punitivas y formativas: La experta señala la necesidad de estipular en el Reglamento de Convivencia no solo “sanciones punitivas que tienen que ver con un castigo, sino que también formativas para que el estudiante sepa la consecuencia de su acción y la gravedad de esta”.
• Espacios de reflexión con la familia: “Generar espacios donde los estudiantes puedan reflexionar sobre esas respuestas (hechos de violencia) y conocer sus consecuencias, para la sana convivencia con el resto de la comunidad escolar”. Además, la experta señala la importancia de la invitación a la familia en estas intervenciones, dado que es un “problema multifactorial”.
• Profesionales de acompañamiento: “Que estén capacitados y se hagan cargo de promover la convivencia y trabajar respecto a las consecuencias del uso de la violencia”, Iturra enfatiza que los profesores no se pueden hacer cargo de esto, ya que “tienen suficiente con enseñar”.

¿Qué sectores se han visto más perjudicados por los hechos de violencia? Iturra menciona que “todos los sectores escolares se han visto afectados, pero la diferencia tiene que ver con los recursos, ya que pueden haber establecimientos que tengan una mayor capacidad para poder reconocer y trabajar estos ejes con instrumentos efectivos”.

Esta misma semana, el Colegio Salesiano de Valparaíso implementó un detector de metales en el ingreso del establecimiento de manera preventiva, dado que no se ha identificado el ingreso de alumnos con armas. Sin embargo, para la psicóloga educacional esta medida “por sí sola no contrarresta o trabaja la prevención de la violencia, sino que es una medida exclusivamente para identificar armas”.

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