Mónaco, la joya de la Fórmula 1

La carrera que se disputa en el Principado de Mónaco es una de las más prestigiosas del calendario de la Fórmula 1, concitando un interés que va más allá de lo meramente deportivo.

Guía de: Fórmula 1

El circuito de Mónaco está construido sobre las calles de la ciudad-estado, y destaca por sus estrechas pistas, diferencias de altura y cerradas esquinas, siendo una de las pistas más difíciles del automovilismo. Nelson Piquet describió Mónaco como “andar en bicicleta en el living”. Sus calles han visto algunas de las carreras más impresionantes del automovilismo, accidentes, curiosidades e hitos de la Fórmula 1.

Una carrera con historia

El primer Grand Prix de Mónaco fue organizado por el Automóvil Club de Mónaco en 1929, y fue ganador por el británico William Grover-Williams a bordo de un Bugatti. Para 1950, cuando comenzó el Campeonato Mundial de Fórmula 1, el Gran Premio de Mónaco ya era una carrera prestigiosa y fue incorporado al campeonato, siendo parte de este de manera ininterrumpida desde 1955.

GP Mónaco

Foto: Reuters

El GP de Mónaco es el más glamoroso de todo el calendario de la Fórmula 1.

Graham Hill, campeón mundial en 1962 y 1966, ganó cinco veces en Mónaco (1963-64-65-68 y 69), marcando un récord difícil de superar. Otros grandes ganadores de la época incluyen Stirling Moss (1956, 60 y 61) y Jackie Stewart (1966, 71 y 73).

Hill es además el único piloto de la historia en lograr la tradicionalmente llamada Triple Corona del Automovilismo (500 Millas de Indianápolis, Grand Prix de Mónaco y 24 Horas de Le Mans). El único piloto activo que podría obtenerla es el colombiano Juan Pablo Montoya, actualmente en la NASCAR y que ganó Indianápolis en 2000 y Mónaco en 2003, faltándole sólo Le Mans.

En esos tiempos se admitían sólo 18 autos en competencia. Gradualmente el número fue en aumento hasta equipararse con el del resto de las carreras del campeonato (normalmente 26).

Magia en tiempos modernos

A medida que la Fórmula 1 se hizo más tecnológica, los autos fueron siendo más importantes para efectos de ganar, pero en Mónaco los buenos pilotos siempre destacaron más, quizás por su difícil naturaleza. Ayrton Senna ganó seis veces, Michael Schumacher cinco y Alain Prost cuatro, demostrando que los talentosos siempre anduvieron mejor en sus pistas.

Aún así, Mónaco siempre guardó un espacio para resultados sorprendentes. En 1982 René Arnoux lideraba tranquilo en su Renault cuando su motor cedió; Alain Prost heredó la punta pero faltando cuatro vueltas un trompo lo sacó de carrera. Riccardo Patrese parecía encaminado a su primera victoria, pero a una vuelta y media del final un trompo lo hizo perder tiempo, quedando tercero tras Didier Pironi y Andrea de Cesaris. En la última vuelta, lo impensable: Pironi y De Cesaris se quedaron sin combustible y Patrese logró su primera victoria en un Brabham-Ford.

En 1984 Ayrton Senna, debutante con un modesto Toleman-Hart, hizo prodigios en la lluvia y casi le quita la victoria al poderoso McLaren-Porsche de Alain Prost. En 1993, el destino le devolvió lo debido: Nigel Mansell lideraba en su poderoso Williams-Renault y una tuerca suelta en un cambio de neumáticos lo obligó a volver a pits. El McLaren-Ford de Ayrton pasó a la punta y aunque Mansell lo alcanzó no pudo superarlo antes de la bandera a cuadros.

En 1996 terminaron ¡cuatro! autos, tras una dura carrera llena de abandonos. El sorprendente ganador fue el Ligier de Olivier Panis, en su única victoria personal y la última del constructor francés, que no ganaba desde 1981.

Para el recuerdo también las publicidades especiales de Red Bull: en 2005 promocionaron una película de la serie Star Wars, llevando al mismo Darth Vader a pits y disfrazando a sus mecánicos de stormtroopers durante la carrera. En 2006 promocionaron otra película, Superman Returns, y alcanzaron el tercer lugar con David Coulthard: el piloto escocés estuvo en el podio con la capa del Hombre de Acero, en una inédita (y muy entretenida) movida publicitaria.

Es una carrera especial: lujosa, glamorosa y especial, donde ocurren cosas que no pasan en todo el resto del año. Es verdad que el circuito no permite grandes velocidades ni adelantamientos permanentes, pero creo sinceramente que la F1 no sería lo mismo sin Mónaco.

Aquí hay espectaculares imágenes de Graham Hill desde su Lotus en Mónaco 1970:

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