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Asesinato en el fútbol argentino: Jugador mata de tres balazos al árbitro que lo expulsó

El lamentable episodio ocurrió en un partido barrial en la provincia de Córdoba; no conforme con el asesinato, además hirió a otro futbolista.

Bronca, intolerancia, impunidad y locura. Todas estas palabras se ligaron para que un jugador reaccione irracionalmente tras ser expulsado el último domingo por el árbitro.

Un acto de “justicia (más bien injusticia) por mano propia”, en el que este sujeto se transformó en barrabrava. Por su cabeza pudo haber pasado querer demostrar quién era más fuerte. Quien tenga en su poder un arma de fuego será el que decida, siendo inevitable la condición de vulnerable de quien no la posea.

Y lamentablemente, el futbolista apodado “Pelado” decidió terminar con la vida del referí César Flores, quien osó mostrarle la tarjeta roja por golpear a un rival en un partido barrial.

El hospital Córdoba, donde el árbitro César Flores fue trasladado luego de ser baleado por un jugador - www.cadena3.com/

El hospital Córdoba, donde el árbitro César Flores fue trasladado luego de ser baleado por un jugador – www.cadena3.com/

El hombre no pudo soportar la expulsión. Corrió hasta su bolso donde aguardaba su revolver -si llevó un arma de fuego a un partido de fútbol, evidentemente pensaba usarlo- y efectuó tres disparos contra la humanidad de Flores: uno en el cuello, otro en la cabeza y el restante en el pecho.

En el reparto también recibió Walter Zárate, otro jugador que participó del “encuentro”, quien si bien quedó internado en observación, según fuentes policiales locales, se encontraba fuera de peligro.

El epicentro del crimen fue una cancha de fútbol del Campo de la Ribera, un asentamiento de características precarias cercano al barrio Renacimiento de la provincia de Córdoba.

César Flores fue trasladado al Hospital Córdoba del barrio Pueyrredón, donde lo único que quedó por hacer fue constatar el fallecimiento. Por otro lado, el “Pelado” continúa prófugo, siendo intensamente buscado por la policía.

Cuando se habla de “fútbol enfermo”, se habla de insultos por un fallo arbitral, de escupitajos o piedrazos. En el peor de los casos, el frente de una casa baleada, como sufriera alguna vez el mediocampista Maxi Rodríguez con la vivienda de su abuela.

Sin embargo, ya hay que reportar un asesinato y lamentar que la noticia, por tratarse en un partido amateur en un barrio humilde, no haya trascendido en forma masiva.

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