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El día que a Maradona le “cortaron las piernas”: De la sonrisa al llanto interminable

El doping por efedrina en el partido frente a Nigeria, en el mundial de Estados Unidos '94, fue el final de Maradona con la camiseta argentina.

La necesidad de un repechaje o “repesca” para clasificar al mundial de Estados Unidos, en 1994, habilitó la presencia del “10″. Aun con un estado físico a años luz de sus mejores épocas, con 34 años “bajo el lomo” y con el antecedente inmediato de una floja temporada en el Sevilla de España, Alfio “Coco” Basile lo buscó con desesperación.

Australia no dio la talla y, tras esa angustiante serie definitoria, Argentina consiguió su boleto para competir en el país del Norte, el mismo donde el magnate Donald Trump es hoy candidato a presidente. Un año después de su último título, la Copa América de Ecuador 1993.  Sin saber que el sufrimiento emprendería un viaje que lleva 23 años sin llegar a destino.

La sonrisa de Maradona que luego se convertiría en un llanto desconsolado /www.lanueva.com

La sonrisa de Maradona que luego se convertiría en un llanto desconsolado /www.lanueva.com

Con la magia intacta, el campeón del mundo en México ’86 y subcampeón en Italia ’90 se juntó con dos “nenes” como Gabriel Batistuta y Claudio Paul Caniggia, aun “el hijo del viento” -aunque algo entrado en años- y entregaron dos recitales de fútbol frente a Grecia y Nigeria.

Hasta ahí, el espectador argentino quedaba gordo de felicidad. “Pipón”, como suele decírsele vulgarmente a quien acaba de comer mucho en una parrilla y solo le queda acostarse para dormir una siesta de varias horas.

La banda tocaba atildada, y la posibilidad de alargar la racha triunfadora era palpable. Hasta que un hecho inesperado entró en escena y se metió sin pedir permiso al Estadio Foxborough, en Boston, Massachussetts. El mismo, aunque reconstruido y rebautizado por motivos comerciales, donde este sábado la Albiceleste se medirá ante Venezuela por los cuartos de final de la Copa América Centenario.

El 25 de junio de 1994, la señorita Sue Carpenter, con el atuendo de una enfermera, le tendió la mano a Maradona y lo llevó hasta el control antidoping. A un Diego radiante, feliz por la victoria ante los nigerianos, que se disponía a hacer pis para el examen. Hacer pis para pensar en Bulgaria, el último rival del grupo.

Pero algo falló. El jugador falló. El fisicoculturista Daniel Cerrini, quien lo ayudó a Maradona a bajar de peso, falló. Lo único que no falló fue el test, que arrojó positivo por efedrina.

Cerrini le había facilitado el suplemento dietario “Ripped Fuel”, que contenía esa maldita sustancia prohibida llamada y le dio paso al escandaloso adiós del “10″ de la selección. Un adiós amargo fuera de las canchas, si bien el ex-Argentinos Juniors, Boca, Barcelona y Nápoli diría, pese a su relación cercana con las drogas, que “la pelota no se mancha”.

La pregunta obvia, casi tonta, es: “¿Debió el crack haberse asegurado de que no estaba consumiendo nada indebido?”. El periodista Andrés Burgo, coautor del libro “El Último Maradona” junto a Alejandro Wall, es inapelable: “Hay un error de Maradona, inadmisible, falto de profesionalismo, que es el doping”. Porque a partir de allí, se empezó a decir “como jugador, un fenómeno. Pero como persona, no tanto”.

Más tarde, el equipo debió dar la cara en un torneo sin su mejor hombre, pero el desmoronamiento fue evidente. Derrota por 2 a 0 ante los búlgaros y el pase a octavos de final por las dos victorias previas. El tiempo transcurrido hasta llegar 3 de julio resultó demasiado poco tiempo como para rearmarse. Rumania, con el intratable Gheorghe Hagi, el “Maradona de los Balcanes”, lo eliminó con un apretado 3 a 2.

“No quiero dramatizar pero me cortaron las piernas. Creeme que me cortaron las piernas. Me cortaron las piernas a mí, a mi familia. Ahora nos sacaron del Mundial, nos sacaron la ilusión”. Maradona lloraba en televisión, en una jornada triste para el deporte argentino, fatal para los hinchas del fútbol, pero glorioso para Canal 13, el encargado de emitir las palabras mezcladas con lágrimas.

Por cuestiones políticas -Diego es un confeso simpatizante de Ernesto “Che” Guevara y de Fidel Castro- en el entorno del jugador se pensó en un complot entre la AFA (Asociación del Fútbol Argentino), con el fallecido Julio Humberto Grondona a la cabeza, y la FIFA. Según la “teoría Maradona”, Grondona, lisa y llanamente, “lo entregó”.

La FIFA, presidida en ese momento por el brasileño João Havelange, salpicado por corrupción al igual que Joseph Blatter. Habrá que estar atentos a Gianni Infantino, el actual timonel de la Federación Internacional del Fútbol Asociado, compatriota de su antecesor.

Aquí, el testimonio completo de Diego Maradona luego del doping positivo

 

 

 

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