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La historia de los 22 jugadores argentinos encarcelados luego de un partido

El árbitro del partido jugado en 1950 entre Huracán y Vélez expulsó a todos los protagonistas, que fueron posteriormente apresados.

Con tantas historias violentas que se dan paso en el fútbol moderno -especialmente en el continente sudamericano y más especialmente aun en el país trasandino- la sucedida el 19 de agosto del año 1950 en un partido entre Huracán y Vélez Sarsfield bien podría transportarse en el tiempo a un partido disputado en la actualidad. Nadie, absolutamente nadie, podría sorprenderse o escandalizarse.

Sin embargo, la gresca originada por una trompada arrojada por uno de los jugadores provocó involuntariamente que todos (sí, absolutamente todos) los protagonistas de ese encuentro terminaran primero expulsados por el árbitro y luego en un calabozo .

Se trata, sin dudarlo, de un caso único en el pasional fútbol argentino, ocurrido en la 19° fecha del campeonato de ese año. Un fútbol argentino del que puede esperarse cualquier cosa por la locura que rodea a las canchas -y en muchos casos por las altas pulsaciones de los propios jugadores- y, aun así, ni en el más fantasioso de los sueños habría un desenlace similar al que ocurrió en este Huracán-Vélez.

El diario Clarín reflejando el vergonzoso episodio entre los 22 jugadores de Huracán y Vélez / www.ole.com.ar

El diario Clarín reflejando el vergonzoso episodio entre los 22 jugadores de Huracán y Vélez / www.ole.com.ar

La insólita situación tuvo un inicio similar en un clásico reciente entre Estudiantes y Gimnasia, donde el castigo se limitó a sanciones disciplinarias dentro del marco deportivo. Aquella vez, la odisea para los futbolistas tenía originalmente un lapso de 72 horas, pero el presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, intercedió para liberarlos al día siguiente.

Goles, revista de fútbol de esa época, contaba esto acerca del episodio: “En un ataque del cuadro fortinero se produjo un choque entre dos hombres que se fueron a las manos y de inmediato se generalizó el pugilato con veintidós improvisados boxeadores, mientras el juez Meade -de lo peorcito del plantel británico- (el mal desempeño de los referís argentinos provocó la contratación de árbitros británicos) se iba a su camarín, suspendiendo el partido”.

Néstor Naya, jugador de Huracán partícipe de ese partido y víctima del rigor de las autoridades, también supo narrar sin desperdicio la increíble historia: “Pablo Mallegni -de Vélez- le fue desde atrás a Lino Badín, que era un compañero nuestro bastante bravo. Entonces lo cruza Juan Filgueiras -también de Huracán- y le dice “pegale a ese. Y el loco de Badin va y le mete una trompada”.

El trámite del partido era caliente, con Vélez ganando por 3 a 1 como visitante, aunque sin sospecharse el sorprendente final. La clave, según Naya, fue que “solo se pegaron algunos muchachos, pero se metió mucha gente de afuera”.

Con los planteles en los vestuarios luego de la suspensión, el General Bertollo, jefe de la Policía, apareció de la nada y determinó que los 22 jugadores sean trasladados en patrulleros a la comisaría número 28 de la ciudad de Buenos Aires, permaneciendo detenidos en la cárcel del barrio de Villa Devoto.

La ansiedad en crecimiento por el tiempo transcurrido, sumado al pequeño calabozo que se les asignó a los jugadores, produjo algo aun más insólito: “Las horas fueron pasando y era tanto el nerviosismo que al final nos hicimos amigos todos”.

A las 22 del domingo 20 de agosto, llegó el final de un día de terror que podrían haber sido tres: Naya cuenta que el contacto entre Tomás Adolfo Ducó -presidente de Huracán que le dio el nombre al estadio- y Perón, posibilitó que los sacaran del encierro.

“Pasamos dos días (en realidad fue uno solo) muy feos ahí adentro, porque apenas entramos estaba todo bien, pero cuando no ves el sol por varias horas todo cambia”.

 

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